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El dinero no vale nada, y las Criptomonedas podrían sustituirlo

¡Criptocosas! Es ya prácticamente imposible navegar en internet sin toparte con ellas. El anuncio de turno que te invita a invertir en ¿criptomonedas? El tipo que se ha hecho millonario ¿minando? El artista que vende su obra digital como un ¿NFT? Un sistema imposible de hackear llamado ¿Blockchain? Para colmo la polémica siempre está rondando: algunos dicen que es directamente una estafa, otros dicen que es el futuro de nuestras economías. Unos dicen que es una tecnología que le quitará poder a los Estados para devolvérselo a los individuos. Otros que está causando problemas medioambientales muy graves. Es por esto último que me he animado a entrar en la conversación, dejar la física un rato tranquila y analizar cómo anda el patio. En esta trilogía de vídeos vamos a hablar de las criptomonedas, del criptoarte y hasta qué punto es justo apuntarlos como problemas ecológicos. Pero antes de llegar ahí, vamos a partir de cero.

Porque para entender qué es una criptomoneda hay que comprender qué es una moneda. Y, creedme, fijo que lo que os voy a contar os va a dejar a cuadros. Pero antes de entrar con esto, dejadme que os hable sobre Cambly, una plataforma estupenda para aprender y mejorar vuestro inglés. […] Al margen de disponer de cursos a niveles, lo bueno de Cambly es que puedes mantener sesiones 1 a 1, privadas, con un profesor nativo (el que tú escojas), y, si quieres, hablar de lo que a ti te apetezca. […] Personalmente, yo noté un gran salto en mi aprendizaje del inglés cuando me forcé a hablar más, sin temor a equivocarme; en este sentido Cambly es una herramienta tremenda […] ¡Esto es Cambly! Si queréis una lección gratuita, podéis usar el link o el código que encontraréis en la descripción. Ahora, volvamos a las criptocosas. Un pequeño aviso: el relato a continuación no es preciso históricamente.

El desarrollo del dinero ha tenido muchas idas y venidas a lo largo de todo el mundo. Tener en cuenta todos estos matices convertiría esta pieza en un largometraje. Luego tomaos lo que viene ahora como una historieta, una narrativa que ayuda a comprender mejor conceptos económicos clave. Dicho esto, rebobinemos la película y volvamos a los good old times. Hablo de los tiempos en los que intercambiar valor era intuitivo. Yo tengo una cosa valiosa. Tú tienes otra cosa que creo que es igual de valiosa. Vuelta y listo. Pero muchas veces no era tan sencillo: Puede que a las dos tribus les venga genial, pero resulta que la cosecha de manzanas sucede meses antes que la pesca del salmón.

Para el intercambio las manzanas ya estarán podridas y no valen nada. Y oye, podrían llegar a un acuerdo: “yo te doy las manzanas ahora y tú me prometes que en unos meses me das el equivalente en salmones”. Pero si hay algo tan antiguo como el ser humano es la malicia y la morosidad. Así que es normal que la tribu de las manzanas no se fie de que el pacto se vaya a cumplir.

Una cosa que podrían hacer es ponerse en manos de un poder superior, un jefe tribal. Si una de las dos partes incumplía el trato el jefe se ocuparía de castigar al moroso. Pero este sistema sería complicado entre distintas jurisdicciones de jefes. No parece lo más diplomático cortarle la mano al mercader de otro jefe. Luego aquí se huele que tiene que haber una solución tecnológica a este problema de desconfianza. Muchas culturas del mundo convergieron en la misma: usar un bien “intermediario”. Yo te doy las manzanas pero a cambio tú me das otra cosa valiosa. Cuando tengas tus salmones te lo devuelvo y todos contentos. Si incumples, me quedo tu cosa valiosa y podré intercambiarla con otra tribu. Ahora, este bien “intermediario”, este dinero, ¿qué podría ser? Porque no vale cualquier cosa.

No puede ser, por ejemplo, carne de pollo porque se pudre y su valor se pierde. El dinero debe ser algo que conserve su valor en el tiempo. Además debe ser algo que no se pueda crear o destruir fácilmente, ¡si no la gente se inventaría dinero de la nada! Lo más adecuado que nuestros antiguos tenían eran los metales preciosos como el oro. Encontrar vetas y minar el oro es una tarea complicada, y la cantidad es bastante limitada. Es cierto que cada vez se minaba más oro, pero nunca el suficiente como para satisfacer las ansias de los poderosos, por lo que su valor no variaba mucho. Además el oro puede fundirse en piezas siempre iguales: las monedas (cosa que otros bienes no pueden hacer), lo que facilita contabilizarlo y el intercambio cómodo (¡imaginaos si tuviéramos que intercambiar menires o algo así!). Es decir que el oro y la plata son el símbolo del dinero y la ostentosidad en la actualidad no tanto porque sea cosas super valiosas (hay elementos en la Tierra mucho más raros que ellos), sino porque en la historia del dinero han jugado un papel muy práctico.

Pero ojo: aunque estas monedas puedan parecerte lo mismo a las que tienes en la cartera o en el banco, la realidad es que son terriblemente diferentes. En nada llegamos a esto. El uso de las monedas hechas de oro y metales preciosos se siguió utilizando durante milenios. Consumidores y bancos estuvieron cambiandose monedas tan ricamente, hasta que las economías de algunos países crecieron tanto que las monedas empezaban a ser incómodas. Pensad en un empresario que quiere comprar un terreno enorme para poner su fábrica: ¿tendría que llevarle a su propietario bolsas y bolsas y bolsas de monedas de oro? Parece un poco impráctico. De nuevo, esto requiere una solución tecnológica. Y esta vez fue popularizada por los bancos centrales, los que protegen el oro del Estado: “¿qué te parece – Le dijo el banco al empresario – si en vez de sacar tu oro, te escribo un documento que acredite que existe esa cantidad de oro en nuestras cámaras? Si quieres cambiar ese oro por otra cosa, solo tienes darle este papel y será su propietario el que tenga ahora ese oro.

No un cheque: un cheque anónimo”. En definitiva, estos dos en vez de estarse intercambiando dos cosas de valor (oro y terrenos) ahora se intercambian una cosa de valor por una promesa de una cosa de valor. La promesa de que si va al banco, podrá sacar esa cantidad equivalente en oro. Es decir que con este sistema de “cheques” estamos volviendo a algo ya relativamente superado: la confianza. No la confianza en tu comprador, si no la confianza en el banco: que pueda proteger el dinero, que sepa contabilizarlo, etc.

La confianza en las instituciones es fundamental para que la evolución del dinero siga su curso. Recordad esto. Pero imaginemos que varias personas hacen intercambios con estos “documentos” del banco y todo sale fetén. La gente se anima: en vez de ir por ahí con una carga pesada, van al banco, depositan su oro, y llenan sus carteras no de monedas sino de documentos que acreditan que esas monedas existen. El uso popular de los billetes acababa de nacer. De hecho mirad: este es un billete antiguo de 100 pesetas (la anterior moneda de España). Literalmente pone “el banco de españa pagará al portador cien pesetas”. ¡Es una de estas promesas! De hecho en otros billetes hacen referencia a que es un “certificado de plata”. Se le dará al portador esa cantidad de valor en plata. Y es importante lo de “Banco de España”. Quienes se encargan de crear estos “cheques anónimos” son los bancos centrales, que luego distribuyen al resto de bancos. Así no hay tropecientos billetes diferentes y pueden controlar las falsificaciones. Y aunque estos billetes se parezcan mucho a los billetes que tenemos en la actualidad, siento deciros que no tienen nada que ver.

Enseguida llegaremos a eso. Imaginad que un cliente entra dentro de un banco en búsqueda de un préstamo. Quiere montar una tienda con un producto extraordinario. Un emprendedor potencialmente exitoso es un emprendedor que va a poder devolver el préstamo con sus intereses, así que el banco está interesado en darle el dinero que necesita. Sin embargo (oh, tragedia) el banco se da cuenta de que no tiene oro extra para hacer el préstamo… Pero esta es una oportunidad muy jugosa que no pueden perder. Luego decide hacer un truquillo: aunque no tiene el oro, le da los billetes que prometen esa cantidad de oro. Si los compradores del cliente aceptan el intercambio con billetes, estupendo y aquí no ha pasado nada. Si uno viene al banco reclamando el oro que promete, entonces el banco lo sacaría de las reservas de otros clientes. Si alguno de estos clientes viniera a sacar todo su dinero, entonces recibiría el oro de otro cliente.

Imaginad que recogieramos todos los billetes que este banco ha repartido. Si nos fijamos, los billetes que le han dado al emprendedor no están respaldados por nada. Son papelitos que no valen nada que hacen referencia a la nada. Es dinero que, intrínsecamente, no vale nada. Esta fantasía funciona porque la gente no saca el dinero todos a la vez. El banco pierde oro al mismo tiempo que lo ingresa, de modo que hay un cierto equilibrio. Y en una sociedad en la que los billetes se intercambian con total confianza, el banco solo necesita tener una reserva suficiente de oro para cubrir todo el dinero que se ha inventado. Eso sí, esto tiene límites; los Gobiernos influyen en la cantidad de dinero que los bancos pueden crear. Este sistema es comúnmente llamado reserva fraccionaria y (ahora sí) es el sistema que utilizan prácticamente todos los bancos del mundo en la actualidad. Y es más, porque ahora además de poseer promesas en papel que en esencia no valen nada, poseemos promesas en registros informáticos que en esencia no valen nada.

Cuando en vuestra cuenta del banco sale el dinero que tenéis, no os penséis que hay una cámara de Gringotts llena de billetes y monedas respaldando su valor: es literalmente un numerito en una base de datos, en una libreta. Si tienes gastos o ingresos ese número sube o baja, cambiando el valor de otras cuentas, pero detrás no hay ningunos duendes moviendo lingotes de oro entre cámaras. Con estos números no estamos contabilizando como el dinero de verdad se mueve.

La contabilidad ES el dinero. La mayoría del dinero del mundo no existe en monedas ni billetes, sino en números en una libreta. Puede sonar completamente loco pero es así. Y funciona porque, como pasaba con los billetes, confiamos en los bancos. Porque cuando me mato un mes trabajando para mi jefe y él me intercambia ese tiempo por aumentar la cifra de mi deposito bancario, yo no creo que me haya timado. Porque se que un montón más de personas van a querer esos numeritos de mi cuenta y van a estar dispuestos a intercambiarlos por bienes y servicios, aunque sepamos que esos numeritos son vacuos. Aunque intrínsecamente no tienen valor, es la sociedad quien se lo da. Y esperaos porque todavía queda una vueltita más. “Ok estupendo, mi cuenta bancaria contextualizada con la de todo el resto del mundo puede que en esencia no valga nada. Pero si voy al cajero, cojo mis promesas, voy al banco central y las cobro en oro ahora sí que tengo valor. Puede que todo el mundo no pueda hacerlo por el tema de que no hay reserva suficiente, pero si escojo un buen momento podré sacar mi oro sin problemas, ¿no?“ Je.

Si se os ocurre hacer esto, en el banco central os van a mandar a paseo. Fijaos en los billetes modernos: ¿dónde pone que el “banco le debe al portador no se cuánto en oro”? En ninguna parte. ¿Creéis que esto es una elección estética? El por qué de este cambio ha ocurrido en la historia por muchos motivos socio-político-económico-históricos del copón (razón por las que no me voy a meter). Pero el hecho es este: El dinero antes era una promesa de conseguir oro o plata. Eso era lo que le daba valor a un mero trozo de papel: El oro que podría conseguir usando ese papel. El sistema detrás de esta conexión se llama Patrón Oro, pues es el origen del valor. Bien, pues el dinero que tienes en el banco y en la cartera ya no sigue el Patrón Oro. Por eso si vas a tu Banco Central no te van a dar oro a cambio de billetes, porque esos billetes ya no son una promesa de oro.

Entonces, ¿es una promesa de qué? Aquí entra el Estado con el dinero fiat, en latín “hágase”; no podría tener mejor nombre. Porque se trata de papá Estado apuntando con un dedo a un trozo de papel que él fabrica y diciendo: ¡Esto equivale a 6 lingotes de oro! Pero es un trozo de papel sin valor, ¿cómo va a valer tanto oro? Porque yo soy el Estado, yo mando y decreto que este papel vale 6 lingotes de oro de oro. Y toooodos vosotros lo vais a aceptar. Entonces si voy al banco central con uno de estos, ¿qué me van a dar a cambio? ¡Absolutamente nada! Porque no hay ningún objeto valioso que respalde este billete.

Es valioso porque yo lo digo. Ok… Pero si tú marcas qué valor tiene, al menos lo dejarás estable ¿no? Bueno, haremos todo lo posible. Pero es cierto que tener el control del valor de la moneda es útil. Si otro Estado vende mucho más que nosotros a otro país simplemente porque el cambio a su moneda sale más barato, podríamos ajustar ligeramente el valor de la nuestra para hacer más atractivo que nos compren a nosotros. ¡Por un pequeño precio estaríamos mejorando nuestra economía! Vamos a hacer repaso: al principio intercambiábamos objetos que considerábamos de semejante valor entre sí. Después escogimos un objeto “fetiche” valioso para hacer todos los intercambios.

Luego usamos como medio de cambio promesas de conseguir el objeto “fetiche”, a pesar de que resultara que muchas de esas promesas (aunque no en la práctica) eran totalmente vacías. Y ahora nos intercambiamos promesas vacías de conseguir una entidad que, en esencia, no tiene valor ninguno. Más en detalle, la mayoría de nuestras transacciones son cambios insustanciales en los numeritos de una libreta que protege el banco, y cuya conexión con la realidad (su valor) depende de nuestros gobiernos. Y todo esto funciona porque detrás hay un sistema de instituciones que lo respalda. Sin ellos el dinero no vale nada.

Es un poco ridículo, pero parece que hemos vuelto a algo muy primigenio: un agente externo que hace que los intercambios sean posibles. Un agente externo en el que confiamos. Pero, ¿qué pasa si no confías? ¿Y si decidieras desligarte de este sistema, montarte con unas cuantas personas tu comunidad y usar una moneda propia ajena al resto del mundo? La respuesta corta es que no puedes: es ilegal. En España, el Banco Central Europeo prohíbe el uso de otra moneda que no sea el euro, es la única moneda de curso legal. Y, generalmente, esto se cumple en el resto de países (aunque algunas se usen clandestinamente). Y mirad, tal vez os haya pintado el dinero fiat fatal, pero sería estupido negar que tiene ventajas. Bien llevado por los bancos centrales, protege el valor del dinero frente a las tretas que los listillos pueden ejecutar. Pero es comprensible que haya personas que no confíen en las instituciones, les repatee que les obliguen a usar este sistema y vean todo esto como un gran problema.

Sin embargo, como hemos visto a lo largo de este vídeo, donde hay un problema de desconfianza, siempre surge una solución tecnológica. En 2009 una persona anónima (aunque se sospecha que podría ser un grupo) publicó un artículo con un concepto que provocaría todo un movimiento. En el artículo diferentes tecnologías, que se llevaban cocinando desde hace décadas, se ponían juntas para crear Bitcoins. Una moneda que no requeriría de ningún sistema externo que la vigilara; dinero que no necesitaba de la confianza en las instituciones. Solo protegida por la ciencia de los mensajes ocultos, la criptografía: hablo de las criptomonedas.

Un oro 2.0. ¿Cómo es esto posible? Si queréis una explicación técnica técnica de los entresijos de una criptomoneda como Bitcoin os recomiendo el vídeo que ha hecho el bueno de DotCSV. Dejadme aquí que lo explique de manera conceptual: Como hemos visto, el dinero que tenemos en el banco se reduce en unos numeritos en una libreta. Si tienes un ingreso o un gasto queda registrado en la libreta. Es el banco el que se asegura que todos esos cambios son correctos y nadie está intentado timar a nadie. Este sistema está centralizado: es el banco el que tiene y controla la libreta. En el sistema de Bitcoin ocurre lo contrario: todos los usuarios que forman parte de la red de Bitcoin tienen una copia de la libreta. Cuando se produce una transacción de bitcoins todas las libretas se actualizan y la guardan. Es decir que, a diferencia de la libreta de los bancos que es privada (solo puedes ver tus transacciones) la libreta de Bitcoin es pública. Eso sí, la privacidad de los usuarios está protegida a través de sus nicks. Ahora, seguro que muchos habéis visto el fallo de esto: ¿qué pasaría si me invento una transacción? ¿podría robarle dinero a alguien? La respuesta es que no, porque no todo el mundo puede hacer una modificación en la libreta, solo unos usuarios especiales que se llaman mineros.

Cuando quieres hacer una transacción le pides a un minero que lo escriba en la libreta. Por hacer este servicio, el minero recibe unos cuantos bitcoins. En la actualidad, la recompensa es de unos 6 por página, aunque cada cuatros años se reduce sobre la mitad (lo que se llama halving). Esto hace que cada vez sea más complicado conseguirlos, del mismo modo que encontrar una veta de oro es más difícil. Por decisión de los creadores de Bitcoin, solo pueden existir 21 millones de unidades, imitando al oro, que es finito en la Tierra. Ahora, ¿y si un minero es corrupto? ¿Y si acepta poner transacciones que son falsas o se las inventa para cobrar la recompensa? El minero tiene que someterse a algún tipo de prueba para confirmar que está haciendo las cosas bien. En el caso de Bitcoin, tenemos la Prueba de Trabajo.

La idea es esta: si un minero quiere que su página forme parte de la libreta tiene que acertar un número secreto. Este número es único y dependiente de lo que contenga la página, por lo que la única manera de averiguarlo es probando y probando. El panorama es este: Se producen varias transacciones en la red. Los mineros las escriben rápidamente en una página y se ponen como locos a encontrar el número secreto. Unos ponen todos los recursos de su ordenador para lograrlo. Otros llenan naves industriales para tener más procesamiento. En cualquier caso, esto es una lotería. Con el tiempo uno de los mineros encontrará el número, su página se unirá a las libretas de todo el mundo y recibirá su recompensa.

Seguro que estás pensando: “Ya, ¿y cómo esto hace que no se puedan falsificar páginas?”. Imaginaos que, con este sistema, un minero listillo se gastara una gran cantidad de bitcoins y luego intentara borrar la transacción de la lista para que no le bajara su “numerito”. Dado que la transacción, una vez hecha, es recibida por todos los mineros, nuestro listillo tiene que competir contra todos en la búsqueda del número secreto. Si alguno de los otros gana, su falsificación quedará en la nada. Ahora, podría pasar que el listillo tuviera mucha suerte, adivinara el número y su falsificación entrara en la libreta. ¿Cabe esta posibilidad dentro de Bitcoin? La verdad es que no, ya que su sistema sigue la regla de “la libreta más larga”: la libreta buena, la válida siempre, es la que más páginas tiene. ¿Por qué esto? Pensad que el listillo, al borrar una de las transacciones, ha creado una libreta diferente a la del resto de mineros.

Si él saca el número primero, añadirá su página a la libreta, será la más larga y por tanto será en la que todo el mundo confiaría. Pero un rato más tarde otro de los mineros encontrará el número, añadirá la página con la transacción y tendremos dos libretas igual de largas en conflicto. Empieza la lucha: el listillo tendrá que acertar el número de otra página de transacciones para añadirla a su libreta de modo que siga siendo la más larga.

Mientras el resto de mineros, que partían de la página sin falsificar, compiten contra el listo por colocarle una página más a la libreta que sí tiene la transacción. Y como intuiréis, que una sola persona intente luchar contra el millón de mineros que tiene Bitcoin pues no es una batalla muy justa. La libreta con la transacción acabaría siendo la más larga, todo el mundo tendría copia de esta, y la falsificación habría fracasado. Es por esto que se recomienda confiar en la libreta de bitcoin una vez haya unas 6 páginas delante; eso casi asegura no estar leyendo algo manipulado. Y, bueno, “página”. Es hora de llamar las cosas por su nombre.

Las páginas se llaman bloques y la libreta (que es una cadena de páginas) es la cadena de bloques. En inglés: blockchain. Blockchain (y el Consenso entre Nodos) es la tecnología que permite proteger las transacciones aún siendo públicas y sus usuarios anónimos. Es por eso que son los cimientos perfectos para crear un tipo nuevo de dinero. Como habéis visto no hace falta de ninguna institución externa que proteja la libreta, ¡el propio sistema la protege! Y al haber un límite en la cantidad de monedas que pueden existir, no se pueden crear de la nada. Como he dicho antes: un oro digital. Una moneda de cambio que podríamos tener en una cartera digital y usarlo para intercambiar cosas de valor, de manera análoga a nuestra cuenta del banco. Y podrías decirme que eso es una locura, que ni es oro ni es nada. Que los bitcoins no existen y que en esencia no tienen un valor intrínseco.

Y yo te diría que le echaras un ojo a lo que tienes en el banco: como hemos hablado, el dinero intrínsecamente no vale nada. Así que, puestos a hacer intercambios con ficciones, es interesante contemplar otros tipos de divisas que no son las fiat. Ahora, ¿hasta qué punto es realista pensar que el futuro del dinero es Bitcoin? Primero, vamos a los números: globalmente, el precio de Bitcoin no ha parado de subir desde su nacimiento. Y aunque esto puede querer decir que hay mucho interés en este sistema, en la práctica es malo. ¿Recordáis cuando hablamos de las cosas que debe cumplir una moneda? ”Tiene que retener su valor”. Eso es: Bitcoin no retiene bien su valor.

En la mejor previsión, cada vez es mayor. Nadie va a querer usar como objeto de intercambio algo que cada día que pasa vale más, ¡para eso te lo quedas y ya a futuro lo intercambias por cosas aún más valiosas! Esto hace que Bitcoin no sea estrictamente dinero, al menos uno no muy eficaz. Y, claro, esto sin contar su volatilidad: su valor fluctúa muchísimo; en un mes puede perder el 20% de su valor. Y no hay que olvidar la gran caída de 2017: de cotizar 20.000 dólares estadounidenses a unos 7000 en solo 2 meses.

Tener los ahorros de tu vida en una entidad que cambia tanto su valor no da mucha confianza que digamos. Aunque también es cierto que tenerlos en una moneda cuyo gobierno no sabe mantener a flote tampoco lo es. Aquí está el debate. Segundo: el número de transacciones. El sistema de Prueba de Trabajo de Bitcoin solo permite que se puedan meter en la libreta unas 20 transacciones por segundo. Por otro lado el dinero fiat a través de VISA hace decenas de miles en el mismo lapso de tiempo. Este problema es importante si se pretende que muchísima gente utilicen las criptos como monedas, y ya hay gente trabajando en ello.

Y tercero: las instituciones oficiales. Es un poco naif pensar que se van a quedar quietas. Pensando más o menos en el bien social, los bancos centrales (y, por tanto, los estados) no van a permitir perder el control sobre la moneda que usamos todos, por lo que hay que esperar que en los próximos años surjan políticas que regulen el uso de bitcoin como una moneda. Sin embargo, nada de esto significa que sea el fin. Porque Bitcoin no es la única criptomoneda que existe. Usando la tecnología base del blockchain, existen montones de redes con sus propias libretas y sus propias normas. Estas son las criptomonedas alternativas a bitcoin: las altcoins. Ahora mismo, hay más de 4500 distintas… Aunque de distintas tengan poco. Se ha visto que más del 85% tienen grandes similitudes en su código, por lo que podemos esperar que solo sean unas pocas las verdaderamente innovadoras en su campo. Innovaciones que van desde libretas que permiten incluir pequeños programas dentro, hasta diferentes pruebas para hacer el sistema seguro sin tener que gastar un montón de electricidad (ya hablaremos de esto en un futuro vídeo).

Hasta algunos bancos centrales están sacando sus propias criptos (claro, controladas por ellos) Entonces, ¿son la moneda del futuro? Es algo totalmente incierto. ¿Será la regulación de los estados tan dura que las criptos pierdan el sentido? Una vez queden muy pocos bitcoins que minar ¿podría pasar que los mineros dejen de hacer su trabajo y desprotejan la red? El tiempo lo dirá. Espero que con todos los capítulos de este vídeo os haya dado algo de perspectiva. ¿Son las criptomonedas una estafa? No, no lo son.

Como en todo mercado nuevo, hay listillos que se aprovechan de los incautos, pero el producto no tiene la culpa. Sería como si te estafaran en una pizzería y dijeras que todas las pizzas son una estafa. No. Tanto las criptomonedas como el blockchain son tecnologías prometedoras y todas sus aplicaciones están empezando a estallar ahora… Empezando por el mundo del arte. Pero ese es un tema para el próximo vídeo de esta serie sobre las criptocosas. Suscribete para no perdertelo. Y, como siempre, muchas gracias por vernos..

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