La Reina del Sur 3, Capítulo 53: Un rayo de luz | Telemundo

– ——, ¿y ahora qué? ¿Nos
cambiaron de traductor o cómo?
Jane: Preséntate. – Me presento. Soy Charlie Velázquez,
agente especial de la DEA. Epifanio: Pues fíjate, que
me andaba gustando más
el otro traductor, porque a mí
los de la DEA me caen gordos.
Charlie: Señor presidente,
la senadora quiere saber qué es lo que ustedes quieren a cambio de la información
que poseen.

– Hijo, pues esa sí
es una pregunta difícil, porque mire, mientras
más profundamente escarbo, más cosas encuentro. – Señor presidente,
si logramos un acuerdo, nosotros no vamos a interferir
nunca más en sus asuntos. Estamos dispuestos a pagar
una buena suma de dinero por esa información. – ¡Híjole! Nomás que yo no veo estos discos
como mercancía, fíjese. Lo ando viendo más bien
como una oportunidad de ser su socio, de sus amigos
y de Uriel. Fedor: Tenemos que saber hacia
dónde vamos. – Sin un mapa, ¿cómo? Fedor: Saliendo del bosque. Mateo: ¿Será que usted puede
hacer el favor de llevarnos? Sheila: ¡Sofía! ¡Sofía! Ruiz: ¿Tenemos señal
de Sánchez Godoy?
– Acaba de llegar.

– Ok. Aproxímense,
pero no se dejen notar. Batman: Tenemos compañía. Ruiz: Que no se nos escapen.
¡Que no se nos escapen! [♪♪♪] – No debimos haber dejado
al padre. – Está detenido. – ¿Quién era su contacto aquí
en los Estados Unidos? – Fue Teresita Mendoza,
pero ya me encargué de ella. – ¿Está muerta? Epifanio: Y enterrada. Teresa: Te vas a poner bien.
Aquí estamos. Anton: No aguanto. Oleg: Lo voy a echar mucho
de menos. Esto no puede quedar impune. – ¿Quién ——— les
dio el pitazo de acá? Charlie: El general Garrido. – Ese güey tiene alguien aquí. Genoveva: Epifanio sabe que
estás colaborando con la DEA.
Garrido: Hay algo que te tengo
que decir. Montaño fue el que provocó
el accidente de tu papá. – ¿Qué? Garrido: Adiós, Genoveva.
No te rindas nunca. [♪♪♪] [♪♪♪] – No puedo evitar sentirme que
estoy otra vez en la cárcel. ¿Sabes qué es lo que más
me ——? No tener una ventana, un… No ver si es de día,
si es de noche, si llueve. Solo una —— lámpara.
¡Igualito que en la cárcel! – Ya pronto vamos a dejar
esto atrás.

[Crujido] Oleg: ¿Habéis oído eso? [Estrépito] Landero: ¡Vamos, vamos, vamos! [♪♪♪] [♪ Tema musical ♪] [♪♪♪] [♪♪♪] [♪♪♪] [♪♪♪] [♪♪♪] ♪ Por América del Sur,
de Colombia hasta Bolivia ♪
♪ Al Perú y Argentina ♪ ♪ Todo por su libertad… ♪ [♪♪♪] – Gracias. ¡Santo cielo! ¿Es en serio? [Tono] Ya llegué. ¿Se puede saber por qué demonios
escogió un lugar como este? Epifanio: Lo escogió la persona
que te va a dar las pruebas.

Él dice que es un lugar seguro
pa' hacer esos trámites. Jay: ¿Cómo se llama esa persona? Epifanio: Se llama Tony. Jay: Antes de venir, estuve hablando con un contacto
en el Departamento de Estado.
– Ajá. ¿Y qué te dijo? Jay: Me dice que algo raro
está pasando,
que de la noche a la mañana se dejó de hablar del licenciado
Aguilar y del acuerdo. Epifanio: Oye, pues ahí hay que
prestarle atención a eso, eh.
– Solo espero que lo que vaya
yo a recibir sea tan bueno como
lo que usted anunció. Epifanio: ¡Por supuesto que sí,
hombre!
Con eso te vas a pode —–
a la Kozar.
Oye, lo que no me has dicho es cómo le vas a hacer pa'
presentar las pruebas, pues.

– Tengo un par de ideas, pero primero tengo que revisar
ese material. Pero le aseguro que va a ser
una bomba. – Pues, ya me muero de ganas
por verlo yo mismo. [Toques en la puerta]
Te voy a colgar. – Señor presidente, licenciado. – ¿Qué pasó, general?
¿no que me iba a hablar? No pensé que iba a venir
en persona. – Las cosas no salieron como
esperábamos, señor presidente. – ¿Qué pasó? No me diga que
se le peló Garrido. [♪♪♪] – Señor presidente,
el general Garrido se suicidó. [♪♪♪] – Danilo, tienes que regresar. – ¿Qué pasó? – El presidente necesita
que elabores un comunicado lamentando la muerte
del general Garrido.

– ¿Qué?
¿El general Garrido murió? – Para ser más exactos…
se suicidó. [♪♪♪] Danilo: ¿Cuándo? Delio: Bueno, la hora exacta
debe saberla él. – Teniente. Delio: Pero eso es lo de menos. – ¿Dónde las encontró? – Acá.
– ¡Disculpe, disculpe! [♪♪♪] Delio: Pon lo de siempre, que "el señor presidente y su
esposa lamentan profundamente el sensible fallecimiento
del general Garrido". "Que era
un hombre irremplazable", bla, bla, todas
esas ———–.

[♪♪♪] Esquelas a los periódicos
nacionales, a todos. Entre más, mejor. ¿Qué te pasa?
¿Eras amigo del general tú? – No, no, no… apenas si
cruzamos tres palabras. Simplemente no,
no deja de sorprenderme la muerte de las personas
así nomás, ¿no? – Apenas se les aparece
el chamuco ¡y mocos! Se pegan un —— balazo
en los sesos, güey. ¡No mames! Bueno, cuando tengas
el comunicado, me lo envías a la oficina
para darle el visto bueno. – Sí. [♪♪♪] [Estrépitos] Teresa: ¿Qué fue eso? Oleg: No sé. Supongo que el terreno
quedó inestable después de la explosión. Landero: Lo que estamos haciendo
tampoco ayuda para nada. – ¡—-! Esto ya fueron, no sé,
horas de trabajo.

– ¿Estás bien? – No es nada.
Solo me duele la cabeza. Teresa: ¿Sabes qué?
Hay que tomar agua. Seguramente estás deshidratado. – Me temo que no
es deshidratación. El dolor de cabeza es uno
de los primeros síntomas de… la falta de oxígeno. – —-. [Algarabía] – Busco a un hombre
llamado Tony. – ¡Oye, Jeff! – Gracias. [♪♪♪] Charlie: Puntual sí es. [Exclamaciones] – Oye, ¿cómo lograron
que Vargas los ayudara? – Una llamada
de la senadora Kozar. Para como están ahorita
las cosas, tanto a él como a nosotros
nos conviene. [♪♪♪] – Busco a un hombre
llamado Tony. – Sí, mencionó que vendrías. [Exclamaciones] [♪♪♪] Los ancianos primero. [♪♪♪] [♪♪♪] – Preferiría usar mi arma. Charlie: Yo también, pero
para lo que vamos a hacer, necesitamos armas
que no tengan registro. – Ahora supongo que todo
tiene que parecer un robo. Charlie: Así es. Es lo que le pasa a un senador
que viene a buscar prostitutas. [♪♪♪] Jay: ¿Por dónde? – Justo ahí. Sigue adelante. Mira, espera aquí.
No vayas a ningún lado. [♪♪♪] [♪♪♪] – Hola.
– Está esperando arriba. [♪♪♪] – Vamos, vamos.

¿Qué está pasando? [♪♪♪] – Cuidado con las escaleras. [Enristra el arma] [♪♪♪] – ¿Qué haces aquí?
Palermo: Senador. – ¿Qué está pasando?
– ¡Vamos, vamos! Venga conmigo. Jay: ¿Qué haces aquí?
– Vamos, vamos. Vine a salvarle la vida. – ¿Qué sucede? – ¿Dónde está? [♪♪♪] ¡——! [♪♪♪] – ¿Estás seguro de que este
es el lugar? – Le dije que esperara aquí.
Charlie: No está. Vámonos.
Tenemos que encontrarlo. [♪♪♪] – ¡No entiendo! Es que no entiendo como por qué
nos tenemos que ir nosotras. Margarita: Es que no sabemos
si la policía
me estaba persiguiendo a mí
o al padre Gonzalo.
– O sea que usted cree
que ya se dieron cuenta que Faustino es su primo. – Pues cabe esa posibilidad, pero ahora lo que importa
es Ray. Lucero: ¿Y qué tiene que ver
el niño en todo esto?
– Pues, Faustino dice
que como la policía no logró atraparlo a él,
se van a ir detrás del niño para presionarlo
para que se entregue.
– ¡Pero ellos no pueden
hacer nada de eso! Margarita: Yo no sé, Faustino
es el que sabe de esas cosas.
Yo lo único que sé es que no
podemos arriesgar al niño.
Escúcheme, yo hablé con la madre
Socorro en Yarumal y ella las va a recibir a todas,
a todas juntitas.

¡Tienen que irse lo más pronto
posible de ese pueblo! Y ojalá que nadie se dé cuenta. – Así lo voy a hacer, pues,
hermana. Tranquila. Que mi Dios me la bendiga
y cuídense, por favor, ¿sí? Margarita: Ustedes también
y sigamos orando.
Sigamos orando
por el padre Gonzalo. Que la Virgen las bendiga. [♪♪♪] – Aquí lo más difícil de
conseguir son esos tales drones. Claro que yo sé quién
me los puede vender, y no espere que sean baratos,
¿no? – No, no, no, usted hágale.
Por eso no le pare bolas. Lo que cueste,
por eso no hay afán. Vea, ¿y sabe qué?
Necesitamos un carro también. – ¿Qué?
– Mi camioneta.

La usan mientras les consigo
un carro en arriendo. Pero cuidadito con irla
a perder, porque se la cobro al doble. ¡Y nada de rayarla! – No, no, no… no se preocupe, que la voy a cuidar como
si fuera mía, espere y verá. – Bueno, voy a hablar
con el secretario pa' que me consiga todo esto y mañana temprano
les tengo todo listo. – ¡No, no, no! Mañana ya no nos
sirve, tiene que ser ahorita. – Vea, señor, yo hago
lo que puedo y más, pero no por mucho madrugar,
amanece más temprano.

– Bueno, ya, ya tenemos
la troca. Vámonos. Luego, mañana venimos por esas
———-. Vámonos. – Parcero, espérate un segundo. Nosotros estamos acá, porque necesitamos conseguir
estas cosas pa' ubicar a todos los parceros,
así que yo le juro… – ¡No, no, no me jure nada! ¡Si algo le llega a pasar a
Sheila, tú eres el responsable! – ¿Este Batman se rambotizó
o qué hijo de —–? – Vea, les voy a solucionar
lo de la dormida y les voy a conseguir una ropa
para que se cambien, pero hable con su amigo
para que se tranquilice.

Yo entiendo que esté verraco
por lo de la mujer, pero si él me hace ruido aquí
en este sitio y los vecinos vienen
a hacerme reclamo, eso también se lo cobro, ¿oyó? – No, pues, mejor dicho.
No, pues, tranquila. [♪♪♪] Rafael: ¡Llegamos, llegamos,
muchachos! ¡Llegamos! ¡Abajo, abajo! ¡Llegamos! Sheila: Vamos. Vamos. [Quejidos] Cuidado
y daros prisa, por favor. [♪♪♪] Pero… pero esta casa
es enorme. ¿De quién es? ¿Aquí quién vive?
¿Estamos seguros? Rafael: Sí, todo bien.
Tranquila.

Venga, venga. Es un hostal. Mi novia y yo lo administramos. Sheila: Aquí, chicos. Cuidado. Fedor: Cógela de las piernas. Sheila: Con cuidado,
con cuidado. Fedor: ¿Estás bien? [Sollozos] – Sofía, estás ardiendo. – Cada vez me siento peor. – Veamos cómo va la herida. [Exclamación] – ¿Así de mal se ve? – No, está bien. Está bien. Vivian: ¿Dónde los encontraste? – Viniendo de Choachí,
casi llegando de Bogotá. La muchacha viene muy mal. – Si tiene fiebre, es porque
ya debe de estar infectada. Rafael: El problema es que
vienen escapando de la policía. Vivian: ¿Qué? Rafael: Ellos no me quisieron
decir por qué. – ¿Y entonces?
¿Qué piensas hacer? – Lo mismo de la vez pasada,
¿no? – Sí, sí. Ve rápido. Ve rápido. [♪♪♪] Fedor: Tenemos que irnos.

Sheila: ¿Qué haces?
¿Dónde está el agua? Mateo: ¿Cómo que irnos? – El que nos ha traído ha
llamado a la policía. Vamos. – ¿Qué dices? ¿La policía? – Sí, es que decirles que
nos está buscando la policía es la tontería más grande
que se te ha ocurrido. – Si no le digo la verdad,
no nos traen. ¿No ves que no quería?
– Vamos a ver, que nos ha traído para
entregarnos, ——–. – A mí no me vengas a decir así,
¿oíste? – ¡Mateo! – ¡Se acabó! ¡Que les pego
un guantazo a cada uno! – ¡Ey, ey, ey, tranquilos!
Aquí nadie pelea, ¿ah? – ¿Quién es él? – Me dicen Fico.
Soy el médico del barrio. – ¿Cómo que el médico? Rafael: Estudió cuatro semestres
de medicina. – Vale.
– Sí. – En las manifestaciones, cuando
hay heridos, Fico los cura. – Y ella es Vivian, mi novia. – ¡Muchísimas gracias! – Vamos a necesitar antibióticos
lo más pronto posible y algo para limpiar la herida. – Gracias, pero nosotros
no tenemos dinero. – No se preocupen,
nosotros hacemos vaca.

– ¿Vaca? ¿Cómo una vaca? – Es reunir plata para completar
la medicina de Sofía. Fico: Ve, tranquila. Va a doler. Tranquila. Hay que evitar
que siga sangrando. [♪♪♪].

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