Dones, ciència i tecnologia… una carrera de fons | Núria Salán | TEDxReus

Traslator: Nuria Estrada
Reviewer: Julia Vilafranca Molero Buenas tardes. (Aplausos) Si yo le preguntara qué tienen en común
todas estas cosas detrás de mí: la Wi-Fi, el Bluetooth, el GPS, el libro
electrónico, el lavavajillas, el paraguas plegable, el Kevlar,
¿qué tienen en común? Aparentemente nada entre ellas.
Bueno, sí, que podemos tenerlo en casa. Históricamente, y he dejado la pregunta
en suspensión expresamente, no me he olvidado. Históricamente las mujeres han sido muy poco
visibles, digámoslo así, a lo largo de la historia. Detrás de mí tengo el nombre de tres mujeres
referentes: la de arriba Maria la Profetessa o María la Judía, que era el ayudante
de un alquimista de la época, digámosle Manolo, y María era quien le hacía los esquemas
de separaciones, destilaciones… Y en un momento le propuso un protocolo
para hacer un baño isotérmico que es lo que hoy conocemos
como baño maría para que su jefe le dijo que aquello no era importante,
si no lo conoceríamos como baño Manolo.

(Aplausos) La del medio es Hipatia de Alejandría,
la primera mujer matemática y astrónoma de la historia. Si conoce la película Ágora ya sabe
de quien hablo y, quien no lo haya visto lo siento porque haré "spoiler":
termina muy mal. El crimen de la Hipatia no fue sabia,
sino querer decir al mundo: "¡Lo sé!" Si hubiera sido callada, le hubiera ido
de otra forma.

Por eso, la Hildegarda de Bingen
que es la última señora de la imagen, optó por protegerse y proteger su
sabiduría detrás de las paredes de un convento. Encontraremos históricamente mujeres como
la Hildegarda, conocida como Leonarda Da Vinci
de la época: médica, sabia, curadora, compositora musical… mujeres sabias
detrás de las paredes de un convento porque la alternativa era o el convento
o la hoguera, se lo podéis imaginar. Una medida de visibilidad de una persona
es cuántas citas tiene en Google. Vamos a ver. Si buscamos estas tres personas cuántas
entradas tienen en Google nos encontramos 29.000, 69.000, 200.000,
es decir, entre las tres mujeres referentes llegan apenas
en el cuarto de millón de entradas. ¿Es mucho? ¿Es poco? Comparemos. Si busco el nombre de tres hombres referentes
como Einstein, Da Vinci, o un vecino de Reus llamado Gaudí contará las entradas de Google
por cientos de millones.

Esto son órdenes de magnitud. No es el doble o el triple,
es orden de magnitud. Esto es una medida de la poca o nula
visibilidad que han tenido las mujeres de ciencia o tecnología, que se han dedicado
a cosas que no tocaban, como éstas que aquí recojo. Todas estas mujeres tienen en común
que descubrieron o inventaron algo que utilizamos a diario
pero que no sabemos que lo hicieron ellas. Josephine Cochrane inventó
el lavavajillas, no por no lavar platos sino para garantizar higiene
en el ámbito sanitario.

Mary Anderson
inventó el limpiaparabrisas. La Beulah Louise Henry, conocida como
Sra. Edison, con más de 70 patentes, inventó el linotipo, precursor
de la fotocopiadora y el paraguas plegable. Claramente inventos de uso femenino. La Hedy Lamarr, conocida por su
faceta como actriz, una de las actrices más bonitas
que han habido, es la mujer que inventó el Wi-Fi,
el Bluetooth y el GPS. Todo. Sin los inventos de Hedy
yo no podría cazar a Pokémons. ¿Qué sería de mi vida? Su nombre, como el de las mujeres de antaño,
no aparece en ningún libro de texto, en ninguna parte. Stephanie Kwolek
es un caso sangriento de invisibilidad. Stephanie era química, trabajaba
en la empresa Dupont, e inventó un polímero altamente resistente al desgaste
que se llama Kevlar, y que es la base de los chalecos anti partículas
o de material de seguridad.

Claramente este invento
merecía un Nobel y le negaron. A sus 40 años le negaron un Nobel
que merecía a todas luces. Ella estuvo reivindicando
toda su vida que se le merecía. Cuando tenía 80 años le dijeron:
"Te lo daremos pero compartido, exaequo." ¿Cuántas mujeres, salvo las mujeres Nobel
de la Paz, ¿tienen premios Nobel en solitario? Quizá con los dedos de una mano
tendrá suficiente. Quizás utilice alguno de la otra mano,
pero para de contar. Una forma de restar visibilidad
a los logros alcanzados por una mujer es restarle valor, y dar
un Nobel exaequo es una de las formas.

Stephanie rechazó ese Nobel.
Bien por ella. La visibilidad de estas mujeres
se cuenta en cientos de millares, bastante. Ninguna de ellas llega al millón. Si, Mary Anderson, salen cientos
de millones, pero es porque llamarse Mary Anderson es como llamarse Miquel Pérez. Cuando separas a Mary Anderson
y limpiaparabrisas salen unos cientos de miles. Son muy poco visibles. Esto en el caso de los inventos, pero cuando
una mujer ha querido tener conocimiento académico, ¿qué ha pasado? Las primeras universidades llegan a Europa
en el s.XXI y en España en el s.XXIII, en Cataluña deberemos esperar en el s.XVIII
a tener la Universidad de Cervera.

Si vemos la imagen del grupo que estudia
identifique claramente al estudiante con el iPad de la época en sus manos,
detrás suyo el ayudante que le ayudaba a cargar las cosas, el maestro delante
y detrás de la señora, que se encargaba que el estudiante estuviera alimentado, limpio
y pulido, pero en la foto se ve claramente, es la única que está escuchando al maestro. Encontraremos mujeres en la Universidad en este
momento sólo como curadoras de los estudiantes. Cuando encontraremos a una mujer vinculada
en la Universidad? La primera que encontramos recogida como mujer
con estudios es Juliana Morell. Es una de las dos mujeres que hay en todo
el paraninfo de la Universidad de Barcelona que es una sala llena de arcos con nombres
de personas, más de 150, y dos mujeres sólo: una Juliana Morell. Era una chica sabia que con 7 años hablaba
tres idiomas y pensaron los padres y la sociedad que quizá se merecía
ir a la Universidad. En ese momento en Cataluña no había
universidades y en España dijeron que no.

Tuvo que ir a Lyon a estudiar. Será la primera mujer universitaria
pero tuvo que estudiar en Francia. Encontraremos una mujer de ciencia
en la Universidad de Barcelona, ​​en el s. XIX, María Elena Maseras. Llegó vestida de hombre, al igual que años
atrás había venido Concepción Arenal que se vestía de hombre para ir
en las clases de universidad. Ella empezó a estudiar medicina
y se vistió de hombre para que la dejaran entrar en las aulas. Un año después llega Dolors Aleu pero
ella no quiere ir vestida de hombre, y su padre le paga un guardaespaldas. Cuando llega Dolores con el guardaespaldas,
María Elena dice: "¡Compártelo!" "Y me podré quitar esos vestidos de hombre" Un poco más adelante llegará
Martina Castells y comparten aulas, mesas y guardaespaldas.
¡Qué hermoso! (Risas) En ese momento tendremos tres mujeres
de ciencias en la universidad y llega la reacción que es
una Real Orden de 1882 que explícitamente prohíbe el acceso
de las mujeres en la universidad.

Fin. Se acabó. Eso si, si alguna estaba estudiando ya,
podía terminar. Respiramos. Con tres mujeres que habían podido llegar
hasta dónde estaban, que tenían retenida la graduación, hubo un poco
de movimiento social, familias que decían que sus hijas
también merecían estudiar, y hubo un nuevo Real Decreto en 1888
que regulaba el acceso de las mujeres en la universidad. Regular significa que debían pedir
explícitamente permiso para entrar y explicando los motivos. Con este filtro, en todo el s.XIX
no llegan a una docena las mujeres que estudiaron. Todas las mujeres de ciencia,
farmacia y medicina. Claramente al servicio de la sociedad.

La normalidad llega a 1910, con
un Real Decreto que por fin permite el acceso de las mujeres a la universidad. Llega 50 o 100 años después
de universidades prestigiosas pero sorprendentemente mucho antes que otros
universidades europeas como Cambridge. En 1933 encontramos la primera mujer
propietaria de una cátedra en la universidad: Margarita Comas, pero eso sí, le dijeron:
"Quizá deberías dedicarte mucho." Y decidió ser soltera. Dejémoslo aquí. En los años 60 o 70 encontraremos
la normalidad en la universidad, en el sentido de cantidades significativas
de mujeres cuando llegamos los hijos del baby boom en la universidad, siendo
el paso en el que ésta deja de ser un espacio elitista para ser una universidad
de masas porque los obreros entienden como valor añadido para sus hijos
y sus hijas que tengan formación universitaria. Tenemos pues estas
primeras generaciones universitarias y ¿cómo fue por las ingenieras? La primera mujer ingeniera fue
Pilar Careaga, una chica de Bilbao que se va a estudiar a Madrid y cuándo
termina la carrera le queda un último examen por hacer:
examinarse de conducción de trenes. Lo hacían en Madrid. Ella llega allá y dice:
"Hola, soy Pilar.

¿Cuál es mi tren?" Y la compañía de trenes le dice
que no le dejan un tren, a la niña ésta, que nos lo va a romper. Estuvo dos años peleándose por poder
examinarse de tren y terminar la carrera y cuando lo logró se convirtió
en la primera mujer ingeniera de España y en la primera mujer conductora de trenes. Cuando años después le preguntaban qué era,
ella decía: "¡Yo, conductora de trenes!" Encontraremos en Cataluña una primera ingeniera
con el nombre de Isabel de Portugal Trabal y poco después Laura Tremosa que es ahora
la ingeniera viva de mayor edad. Laura vivió con mucha normalidad
su carrera aunque tuvo muchos obstáculos para poder ejercer. Y nos dejó esa frase maravillosa: La ciencia es masculina pero la tecnología
en tanto que resuelve problemas, es femenina. Una frase que me gusta mucho. Así pues, en los 70 tendremos un porcentaje
de mujeres significativo pero distribuidas de forma irregular. ¿Dónde iban las mujeres?
A estudios que eran socialmente aceptados. Maestros y enfermeras. Hagamos un recuerdo. Cuántas maestras recordamos
¿de nuestra infancia que eran solteras? Muchas.

Había un dicho en Castilla que decía: Mujer que sabe latín,
ni tiene marido ni tiene buen fin. Mi abuelo también me lo decía: "Nuri, no estudias mucho
a ver si nadie te va a querer." ¿Qué le vamos a hacer? Esto significa que había estudios o
profesiones que no eran tan bien aceptadas o tan bien reconocidas.

En los años 80 tendremos un 44% de mujeres
en la universidad pero distribuidas de forma irregular. Los estudios técnicos, muy poquita cosa. En los años 90, más del 50% de la población
universitaria serán mujeres y son mayoría en muchos de los estudios pero no
en estudios de ingeniería o TIC, y un dato que me sorprendió
es que en las universidades privadas las mujeres también son minorías. La lectura la dejo por quien quiera hacerla. Este esquema que tiene detrás de mí
no es ninguna evolución de nada. Es el mapa de departamentos
de mi universidad. Cada barra representa un departamento,
el rojo son hombres, el azul son mujeres. Éste es mi trabajo. Trabajo aquí.

Lo único que alcanza el 50% es óptica.
Todas las demás nada. Puede verse en qué ámbitos
tenemos más mujeres, un 30%, o tenemos menos mujeres, un 5%. Esto nos ha hecho pensar en lo que debemos hacer. Actividades para captar el talento femenino,
como campañas de mentoría, para potenciar el empoderamiento de las chicas que tenemos
o captaciones específicas como en el ámbito de la informática,
que cuando cambió de licenciatura en ingeniería informática, la proporción
de mujeres bajó, de un año para otro del 40% al 20%. Conclusión:
la ingeniería da miedo a las mujeres. Éstas son las cuentatencias
que introducimos, en la Politécnica, además de los contenidos, y yo no veo
que ninguna de estas competencias sean exclusivas de hombres ni mujeres.

Por tanto, en qué momento nos frenamos
las mujeres para estudiar ingeniería? No lo entiendo, ¿por qué no tenemos más chicas? Por qué hay un titular en La Vanguardia:
"Mujer y universitaria" No lo entiendo. Pero necesitábamos este ejercicio de ver
cómo había ido a las mujeres anteriores a nosotros para poder construir acciones
positivas para animar talento femenino. Es lamentable que yo sea titular
sólo por ser metalúrgica. Les hace gracia:
"¡Ay, una mujer metalúrgica!" Todavía nos queda mucho por hacer
para eliminar titulares como éste que hay uno de cada 10 académicos
que son mujeres. Debemos hacer que nuestro sueño
sea ​​nuestro futuro, nosotros y las generaciones
que tenemos detrás de nosotros. [¡El futuro es nuestro!] Esa frase maravillosa que siempre
me gusta utilizar en cualquiera de los tres idiomas, no tiene diferencia de género. Ahora os pregunto,
¿qué tenían en común todo esto? Tenían en común que detrás había
una mujer que ha sido invisibilizada. Los castellers, que no hace falta que te cuente
qué son, han salido esta mañana como un buen ejemplo de trabajo en equipo.

Ari, esa niña que estaba en reina del mundo
que estaba en lo más alto. Es el ejemplo que pongo a mis estudiantes
para pedir que trabajen en equipos híbridos. No me gusta separar
talento masculino de talento femenino, porque cuando trabajan conjuntamente
es cuando llegan a lo más alto. Sabíais que desde hay mujeres a los equipos de
castellers ¿se han podido hacer de 10 pisos? (Aplausos) Lo que quería decir es que si conseguimos
trabajar juntos es cuando llegamos arriba. Para terminar me gustaría
dejaros una frase: Cuando un niño pequeño dice que quiere ser ingeniero
la gente dice "muy bien!", cuando una niña dice que quiere ser ingeniera
le preguntan: "y esto, ¿de dónde lo has sacado?" Y la niña debe dar explicaciones. Esto es lo que muchas veces frena
una niña, porque dice: "Si tengo que explicarme tantas veces cuando
mi hermano no, quizás es que lo estoy haciendo mal." Y de repente dice:
"Quería ser enfermera, me he equivocado." Y la gente dice:
"¡Ay qué guapa!" Por tanto, está en nuestras manos
conseguir cambiar estos datos y que yo no tenga que venir aquí
a charlar una tarde del sábado.

(Aplausos) Qué es lo que podemos hacer todas y todos
para cambiar esto y para alentar a potenciar este talento femenino,
porque conjuntamente con el masculino nos lleve bien arriba? Pues para alentar a las chicas,
lo mejor que podemos hacer es no desalentarse. ¡Muchas gracias! (Aplausos).

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