Islas Galápagos, el archipiélago más frágil

Es uno de los grandes símbolos de la biodiversidad y permitió a Darwin investigar la teoría de la evolución. Pero las Galápagos guardan otros secretos únicos. A continuación, te invitamos a conocer la historia que pudo haberlos llevado a convertirse en un estado independiente. Las Galápagos son un archipiélago formado por más de cien islas. Se encuentran a unos 1000 kilómetros de la costa de Ecuador, país al que pertenecen.

Las 13 islas más grandes superan los 10 kilómetros cuadrados cada una. La más grande es Isabela, que concentra más de la mitad de la superficie terrestre de todo el archipiélago. Además, es el único por el que cruza la línea del ecuador. Debido a la gran cantidad de especies endémicas, las Galápagos son un gran símbolo de la biodiversidad en la Tierra. Es que no solo encontramos animales o plantas que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo, sino que las especies varían de una isla a otra. Hubo diferentes causas que favorecieron la aparición de animales únicos. Por un lado, el archipiélago se encuentra en la confluencia de tres grandes corrientes oceánicas que tienden a ahuyentar todo lo que flota, lo que favorecía el aislamiento. A diferencia de otras islas ubicadas en la zona ecuatorial, las Galápagos son áridas. Esto perjudicó a los mamíferos y benefició el desarrollo de los reptiles. Este es el caso de las famosas tortugas gigantes de Galápagos, que pueden medir hasta dos metros, pesar 450 kilos y vivir más de un siglo.

Pero no es el único animal que nos sorprende. Encontramos la iguana marina, que es el único lagarto que depende del mar para sobrevivir, ya que se alimenta de algas. También podemos ver a los increíbles piqueros de patas azules, que tienen un particular baile que les sirve de cortejo. ¿ Pingüinos en el hemisferio norte? Solo en Galápagos, ya que habita una especie endémica. Se cree que llegó allí gracias a las corrientes frías que vienen del Perú. Al ver estas adaptaciones podemos ponernos en la piel de Charles Darwin. El científico inglés tuvo una de sus visitas más relevantes a Galápagos para desarrollar su teoría de la evolución de las especies.

La observación de tantos animales únicos, que incluso variaban de una isla a otra, le ayudó en la elaboración de su investigación. Pero Darwin no es el único visitante famoso del archipiélago. Algunos historiadores sostienen que hubo un tiempo en que los incas llegaron a Galápagos, aunque no hay pruebas concluyentes. Luego, a partir de la llegada de los europeos, muchos piratas utilizaron las islas como refugio. Recién en el siglo XIX llegaron los primeros pobladores registrados. Se trata del irlandés Patrick Watkins, quien quedó varado en la Isla Floreana y vivió durante dos años en aislamiento. En 1832, las islas fueron anexadas oficialmente a Ecuador y la población comenzó a aumentar. Y aquí surgió una idea que hemos visto en diferentes partes del mapa: convertir una isla en una prisión. No solo es este el caso de Alcatraz, sino que hay muchos ejemplos, incluso en la época contemporánea. Nelson Mandela pasó 18 de sus 27 años en prisión en Robben Island, frente a Ciudad del Cabo.

De esta manera, las islas Floreana y San Cristóbal se convirtieron en una especie de cárceles al aire libre, ya que no había forma de escapar. Pero esas experiencias duraron solo unos años, después de que estallaran algunos disturbios. En el siglo XX hubo otro intento, pero en la isla Isabela, el más grande. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se asentó en la zona, ya que desde allí podía tener control sobre el Canal de Panamá.

Terminada la guerra, el presidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra decidió utilizar las instalaciones como prisión. Hoy se puede ver el muro de las lágrimas, que fue construido por presos entre 1946 y 1959, años en que existió la prisión. Pero una de las historias que más polémica genera es la de Manuel Cobos. En 1866 llegó a San Cristóbal y se convirtió en el primer dueño de la isla. Situémonos en el tiempo: sólo unos años antes había terminado la experiencia de las primeras prisiones. Las islas eran un territorio inhóspito y hostil, muy diferente al paraíso de la biodiversidad que vemos hoy. Los cobos se asentaron en la isla para explotar la orchilla, que es un tinte natural.

Tiempo después, comenzó a explotar la caña de azúcar. Sí, en el archipiélago había un ingenio azucarero. Para ello acudían trabajadores, pero no está claro si estaban allí por voluntad propia o si eran explotados por los Cobos. Las condiciones laborales de la época no eran ejemplares. El caso es que el empresario desarrolló tanto el negocio que incluso llegó a acuñar su propia moneda. Tal fue el poder de Cobos sobre el territorio que incluso se le conoce como el Emperador de San Cristóbal. ¿ Es posible pensar en la independencia de la isla, o de todo el archipiélago? En Oceanía, como sabemos, existen países muy pequeños y poco poblados que son independientes, por lo que no es fácil descartar esta opción. Sin embargo, la historia reservó un final abrupto para Cobos. Es que tras años de maltratar a sus trabajadores, se rebela y es asesinado en 1904.

La segunda mitad del siglo XX significó un cambio para las islas. En 1959 se creó el parque nacional, que cubre el 97% del territorio. A partir de entonces se empezó a privilegiar cada vez más el cuidado de la biodiversidad y a tratar de conservar especies únicas. Y se dieron grandes pasos. Por ejemplo, la Unesco las consideró como Patrimonio de la Humanidad en peligro, pero las eliminó de esa lista en 2010. Otro de los avances puntuales se dio en la Isla Pinzón. Las cabras habían sido introducidas artificialmente allí. Pero en la década de 1970 se logró erradicar a este animal que actuaba como depredador. Asimismo, se aprecia un riesgo por la presencia humana.

En total viven 33.000 personas en todo el archipiélago. Pero año tras año ha aumentado el número de turistas que entran. Hace 30 años eran poco más de 40.000 al año. En 2019, según los últimos datos oficiales disponibles, fueron 270.000. No proponemos que no se permita el turismo, pero sí que se haga de forma responsable y consciente. Es que los paisajes, animales y plantas que se encuentran en cada isla son únicos. Podemos bucear y hacer snorkel en las Islas Bartolomé y Darwin. O ve a Santa Cruz a ver tortugas gigantes. Sin duda, otro de los grandes atractivos es la Isla Rábida, que se diferencia del resto por su arena roja, formada por lava volcánica. ¿ Te gustaría conocer Galápagos? ¿ Crees que es importante hacer un turismo responsable en la región? Deja tu comentario a continuación.

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