Filosofía para cuestionar el mundo que nos rodea. José Carlos Ruiz, filósofo y profesor

Bienvenido, José Carlos,
soy Leticia y soy maestra. Estoy encantada de estar aquí contigo
para hablar sobre filosofía. Filosofía aplicada a la vida,
a la familia y a la educación. Encantado, Leticia,
el placer es mutuo. Gracias. Tú eres profesor y eres
Doctor en Filosofía Contemporánea. Y has dedicado estos últimos años
a publicar libros y escribir libros relacionando
la filosofía con la vida diaria. Me gustaría empezar esta entrevista
hablándote sobre algo que es muy importante en la vida,
que es la amistad. Tú hablas mucho, has comentado que vivimos
en una sociedad muy individualista. Pero hay algo que has dicho
en uno de tus libros que a mí me ha encantado,
porque yo lo veo a diario en el patio del colegio, y es la importancia
que tienen los amigos en los niños y en los jóvenes. ¿Qué valor tiene la amistad? Desde la perspectiva filosófica, la amistad tiene
una percepción de temporalidad muy importante. Es decir, se tiene que asentar
en una historia conjunta entre dos personas o más.

Y también un criterio
de atención hacia el otro, que también se tiene
que tener muy en cuenta mientras entablamos una relación. Entonces, como tú has dicho antes,
la sociedad ha virado hacia un individualismo
que cada vez es más potente y eso afecta inevitablemente,
por ejemplo, al criterio de atención. Es decir, al fijarnos en el otro
y a prestar atención a algo que no sea el ego. Entonces, los nuevos modelos de amistad
están contaminándose un poco de este paso del grupo social
al individualismo contemporáneo.

Y creo que es muy importante
que en esas etapas educativas iniciales, sobre todo
en la adolescencia y en la infancia, le enseñemos
a nuestros alumnos y nuestros hijos a cómo distinguir una buena amistad
de la que no lo es tanto. Y, para eso, el pensamiento crítico
y la filosofía creo que son fundamentales. Hay miles de ejemplos
en la historia de la filosofía de cómo tratar el tema de la amistad
desde un punto de vista analítico.

Yo te pondría el ejemplo
de Aristóteles, o de Cicerón, cuando hacen
un análisis sobre la amistad y Aristóteles dice que cualquier persona
tendría que saber distinguir entre tres modelos de amistad distintos. El primero es en el que habla
de un modelo de amistad utilitaria en el que los amigos se relacionan
porque tienen una utilidad en común. Entonces, la amistad
va a durar lo que dure la utilidad. Y esto es importante hacérselo notar
a la gente a la hora de evaluar a sus amistades, es decir:
"Bueno, tenemos una cosa en común, que a los dos nos apetece
y la vamos a hacer, entonces, la unión
que tenemos entre tú y yo gira en torno a esa utilidad". Luego hay un segundo modelo de amistad que creo que es el que todo el mundo
tiene, que es el de diversión. Y la amistad dura
lo que dura la diversión, es decir, de ahí no se pasa.

El problema está
en el tercer modelo, que es un modelo de amistad
donde se tiene que trabajar la excelencia,
la virtud, que diría Aristóteles. Es la "areté",
y ese modelo de amistad conlleva una percepción igualitaria, no solamente del otro,
sino también del trato que tú le das
y que recibes del otro. Entonces, el concepto de amistad que hoy en día
creo que cuesta más trabajo y que está casi desapareciendo tiene mucho que ver
con esta dificultad que tenemos de trabajar la alegría que te proyecta el otro en ti
cuando el otro consigue, por ejemplo, un logro por su cuenta.

Es decir, esa honestidad de sentir
que te valoran a ti igual que tú valoras al otro,
que las alegrías tuyas son compartidas por otro, es cada vez más complicada. Aristóteles también dice
una cosa muy interesante, y es que somos animales políticos. "Animal" es la parte más biológica,
pero "político" viene de "polis", y es que necesitamos del grupo
para desarrollarnos. Hay un experimento muy bonito que hizo
la Universidad de Harvard en 1950 y que hace poco salió publicado y hay un resumen muy interesante
que vi en Internet sobre el tema.

Un estudio longitudinal,
durante 75 años, con el mismo grupo de personas
a los que, año tras año, desde que tenían 20 años
hasta que se han muerto se les ha ido a las casas
y se les ha interrogado en torno a su concepto de felicidad y se les ha hecho análisis médicos. Desde que tienen 20 años se elige
a un grupo de alumnos de Harvard, de la élite en Estados Unidos,
con una clase social alta, y a otro grupo de la misma edad
de un barrio pobre de Boston.

Lo que buscaban de fondo
es qué hacía que una persona llegara a anciana
en un estado de salud bueno y con cierta felicidad. Y la conclusión,
después de millones de datos recopilados a la que llegan es que las personas
que llegan a la vejez sanas y felices
son aquellas que han sabido hacer una buena selección
de las relaciones sociales que tienen. De manera que no se trata
de la cantidad de amigos que tengamos, sino de la calidad de las relaciones
que tú vayas entablando a través de la vida. Y eso es lo que hace que, al final,
cuando tú hagas el análisis de toda una trayectoria vital te diga más o menos,
la capacidad tuya de análisis: "Ha sido una vida plena, porque me he rodeado de personas
a las que he querido y me he sentido querido". Y esa relación social se tiene que cultivar
desde el principio, por eso insisto tanto en el valor
de la amistad desde la infancia, porque si conseguimos
que nuestros hijos, que nuestros alumnos,
sean capaces de percibir en el otro qué es lo que valoran de sí
y qué es lo que valoran ellos y sepan clasificar sus amistades a la hora de saber
enfrentarse a la realidad, es probable que esas relaciones sociales
que se entablen puedan afianzarse
a lo largo del tiempo.

Y eso le daría la posibilidad
de llegar a la vejez, como decía el experimento
de Robert Waldinger, este experimento social
tan maravilloso, llegar con una felicidad y una salud por encima de la media. Luego, otra de las cuestiones que más dificultad
me ha llevado analizar es el éxito de los libros de autoayuda
con respecto a las relaciones sociales. Antes, los consejos venían
de los círculos cercanos, es decir: mis padres, mis amigos… La sociabilidad que nosotros teníamos
cuando no había tanta pantalla ni tanto Internet, generalmente
se amparaba en el que era igual que tú o en alguien cercano a ti, al que le pedías consejo,
al que le contabas tu vida o al que te confiabas.

Pero desde el momento
en que el individuo empieza a ganar terreno
en esta sociabilidad y las relaciones sociales
se van virtualizando, el problema de la gente
es que a la hora de encontrar un hombro en el que llorar,
un hombro al que pedir consejo, es decir, a la hora de buscar alguien
en el que puedas amparar tus dudas, tus miedos, etcétera, encuentras que es muy complicado
porque no has sabido sembrar ese concepto de amistad,
así que acudes a ayuda externa. Y la ayuda externa, en algunos casos
es de profesionales de la sanidad, ya sea un psicólogo,
un psicopedagogo o un psiquiatra, o, en otros casos,
y es el caso más común, es la autoayuda,
los libros de autoayuda. ¿Cuál es el problema que le he detectado
a los libros de autoayuda a la hora de trabajar,
por ejemplo, un modelo de amistad? Que la autoayuda está centrada en ti. Es decir, todos los libros de autoayuda,
como el nombre indica, es "auto", es decir,
te ayudas a ti mismo.

Pero hay muy pocos libros de autoayuda
donde el eje se referencie hacia el otro, con lo que intentar trabajar
esa mejora de ti teniendo en cuenta al otro
no parece que sea el eje común del libro de autoayuda. Así que, al final,
intentas buscar un manual que no te conoce de nada,
que no sabe de ti absolutamente nada y te va a dar una receta genérica
que tú te vas a tener que aplicar y que, si no te sirve,
acudirás a un segundo libro de autoayuda porque es como una especie de cadena
que no tiene fin.

Es decir, hay unos libros que te dicen:
"Tú puedes conseguir el éxito si sigues 21 pasos, durante 21 días,
y haces tal, tal y tal" y, cuando no lo consigues,
hay unos segundos libros de autoayuda que te dicen
cómo salir de la desesperanza, del desánimo que te ha invadido con lo que hay
una especie de reciclaje interno de un consumo de autoayuda que deja desamparada
la sociabilidad del individuo donde hay
un contacto personalizado, entonces, creo que tendríamos
que intentar recuperar ese valor de la amistad tan maravilloso, de decirle a nuestra gente joven: "Tenéis que seguir trabajando las amistades,
las amistades se trabajan", es decir,
se tienen que afianzar. Llevan una inversión de tiempo
y llevan una inversión de atención, y a veces se nos olvida esto. Y claro, cuando de verdad necesitas
un hombro en el que llorar no lo tienes,
porque has perdido esa inversión y acudes a lo más sencillo,
que son esos manuales de autoayuda que son "best-seller" a nivel mundial.

Me está recordando,
toda esta parte que comentas la importancia que parece,
a día de hoy, que tiene la felicidad en nuestra sociedad. Es importantísimo ser feliz, pero en muchas ocasiones parece que ese "parecer" feliz es más prioritario
que realmente serlo. ¿Qué piensas tú sobre la felicidad
en el mundo actual? Bueno, creo que estamos cambiando
el paradigma de felicidad de un modo casi radical,
es decir, estamos dando la vuelta de un paradigma de felicidad
que era más inocente, o más secundario
en la vida de las personas a un objetivo principal a conseguir. Yo creo que la felicidad anteriormente,
es decir, la de mi generación, la de mis padres,
tenía mucho que ver con una búsqueda.

Y la búsqueda significaba
encontrar o no encontrar. Que existiese el objeto
o que no existiese el objeto, pero no era prioritario
en ninguna de las vidas, es decir, para nuestros padres,
incluso para mí, lo prioritario era construirte la vida. Había, de vez en cuando,
un encuentro con la felicidad, pero no era el objetivo,
el objetivo era la construcción vital. Sin embargo, la felicidad contemporánea
me parece que está más orientada hacia la conquista. Es decir, esta como… Como diría hoy en día,
en un mapa, está geolocalizada, Entonces, la gente de repente
tiene en su cabeza una especie de "check list" donde necesita, pues, consumir la última novedad
que ha salido al mercado, visitar el último país
que se ha puesto de moda, necesita, pues, no sé,
ir al último restaurante a comer la última comida "foodie", practicar
el último tipo de deporte, etc.

Entonces, en esa dinámica
en la que estamos entrando, la felicidad está objetivada. Y como está objetivada
lo único que tienes que hacer es ir a conquistarla,
porque sabes dónde está. Y cuando la conquistas
aparece una segunda, y una tercera, y una cuarta, entonces,
se están encapsulando distintos modelos de consumo emocional. Antes teníamos un consumo material, y la gente compraba cosas
y le parecía que la satisfacción podría aparecer
a través del consumo material, pero como el cambio climático
ha puesto el materialismo en un plano
moralmente preocupante, el sistema ha sido muy inteligente
y ha disfrazado el consumo material de consumo emocional,
porque así nos sentimos menos culpables. Entonces han empezado a vendernos la importancia de consumir emociones. Experiencias, lo llaman. Entonces, te dicen
que lo importante en esta vida es llevarte
una mochila de experiencias encima y que eso te va a dar esa felicidad. Entonces estamos obsesionados
con ir acumulando experiencias una tras otra.

Las consecuencias, para mí,
son catastróficas. ¿En qué sentido? En el que entras en una dinámica en la que el consumo de experiencias
se convierte en el eje que va a orientar tu vida y, al final, cuando no estás
en ese proceso de consumo, estás solo,
estás tranquilo en tu propia vida, se te genera una angustia,
se te generan esos nervios de decir: "Bueno, yo no sé hacia dónde voy,
ahora tengo que hacer algo".

No sabemos aburrirnos. Hay un experimento muy interesante, lo publicó, creo,
la revista "Science" en 2014, sobre un grupo de personas
a los que se ofrece la posibilidad de pasar 15 minutos
en una habitación a solas. Sin teléfonos móviles,
absolutamente sin nada, pero antes de entrar
le dicen a todas: ¿Estaríais dispuestos a daros descargas eléctricas
mientras estáis a solas en esos 15 minutos?". Obviamente,
todo el mundo dice que no. "Yo no, no lo necesito, ni loco". Obviamente.
Bueno, pues cuando entran y pasan una media de seis minutos un alto porcentaje de personas
que tenía allí el aparato para electrocutarse, a los seis minutos
empiezan a darse descargas ellos mismos.

Es una cosa que da mucho que pensar,
porque en ese experimento lo que vienen
a llegar a concluir al final es que cuando intentas dejar
tu mente tranquila o en blanco, o calmada, está tan acostumbrada
y es tan adicta a la hiperactividad, a la búsqueda
de esas emociones constantes que a los seis minutos
es capaz de electrocutarse, haciendo algo que antes
se le hubiese ocurrido como impensable. Solamente seis minutos. Y esto preocupa mucho porque se nos está generando
una drogodependencia emocional que hace que vayamos saltando
de una emoción hacia otra sin tener el parapeto
de la distancia y el tiempo. Es decir, somos incapaces
de tomar distancia de la realidad inmediata que tenemos y somos incapaces
de tener el aprecio del tiempo en un tempo un poquito más tranquilo. De manera que, cuando nos sucede esto, como la adicción
hacia las emociones es muy alta, entramos en lo que yo llamo
"síndrome de abstinencia contemporáneo", que es la hiperacción, es decir,
la hiperacción, en el fondo, no deja de ser esa respuesta de, cuando te llega
el síndrome de abstinencia, ponerte a hacer cosas, lo que sea, con tal de no estar
a solas contigo mismo.

Esto es preocupante.
-Muy preocupante. Es preocupante. Esto que me has contado del experimento me está recordando un poco
a los adolescentes de hoy en día con las redes sociales. ¿Qué opinas tú en relación a eso? Bueno, esa hiperacción es cierto que, quizás,
en los adolescentes está empezando a calar más a fondo, porque el estímulo
de las redes sociales es altísimo. Yo creo que estamos entrando
en un momento histórico único en la humanidad a la hora de entender
cómo funciona el mundo virtual. Es decir, nunca hemos tenido la opción
de hacer algo maravilloso, que es crear
nuestras propias circunstancias. Si antes hablábamos
de las circunstancias reales, que tú no te las puedes crear,
sino que vienen impuestas, las redes sociales, por primera vez,
te permiten crearte un avatar a una imagen idealizada de ti, de modo que,
por primera vez en la historia, conviven dos circunstancias:
las circunstancias reales y las circunstancias virtuales. Y esto es algo
que nos lleva a pensar hasta qué punto
unas van a condicionar a las otras.

Es decir, antes, las reales
se supone que iban a condicionar el estilo de vida, pero ¿qué pasa cuando tú,
como adolescente, o como persona, como nosotros, joven, tienes la capacidad de crearte un avatar que se va a presentar al público
de la manera en la que tú quieres con el ideal que tú quieres diseñar
en torno a tus ideas, a tu estética, etcétera? Sin darnos cuenta,
le estamos dando mucho poder a ese avatar virtual y cada vez
le estamos dedicando más tiempo, de manera
que las circunstancias virtuales empiezan a equipararse
en categoría ontológica, que decimos en filosofía,
es decir, en potencia, se empiezan a equiparar
a las circunstancias reales. La consecuencia es dañina, porque cuando tú pasas
mucho tiempo en una red virtual tienes la capacidad de controlar
lo que dices y cuándo lo dices, y cómo lo dices
y, encima, tienes la capacidad de controlar la mirada del otro, que es algo que en la realidad
no podemos hacer, es decir, tú y yo, aquí,
no podemos controlar hacia dónde vas a mirar tú
y hacia dónde vas a prestar atención y en qué te vas a fijar.

Pero si yo te pongo mi avatar virtual y cuelgo la foto
con el perfil que quiero y con los filtros que quiero
y elijo la frase de manera consciente
después de mucho tiempo pensando, y la cuelgo en un momento dado, al final estoy condicionando la manera
en la que, incluso, tú miras. Es decir, tengo el control,
no solamente sobre mi avatar virtual sino también sobre tu percepción
de mi avatar, la puedo controlar. El problema está cuando no tienes
el pensamiento crítico afianzado y no te das cuenta de que eso
no deja de ser una virtualidad. Es decir, eso no es real. Así que, cuando eres adolescente
y no te das cuenta, y pasas mucho tiempo ahí, cuando desconectas la pantalla
y te miras a ti mismo descubres algo preocupante,
y es que tú no te pareces en nada a ese "yo" virtual que te has creado
y que te parece fantástico, con lo que tu autoestima
empieza a mermar. Esto tiene mucho que ver
con el mito de Narciso de la antigua Grecia. El mito de Narciso
es un mito muy bonito que explica
este fenómeno contemporáneo.

Viene a decir lo siguiente: la madre de Narciso, la ninfa Liríope, acaba de tener un niño precioso,
que es Narciso, y se va a la ciudad de Tebas a hablar
con un sabio, el sabio Tiresias. Y le pregunta: "¿Llegará mi hijo a anciano?". Y el sabio Tiresias le dice
una frase muy enigmática, le dice: "Tu hijo Narciso llegará a anciano
si no se conoce a sí mismo". Entonces la madre se va preocupada,
dándole vueltas a esta frase, que va en contra del sentido común.

Porque claro, toda la filosofía
está basada en "conócete a ti mismo", búscate, y tal. Pero el sentido de la frase
tiene mucho significado cuando lees el mito,
y es que va creciendo ese niño entre ninfas y, poco a poco,
va generando una vanidad en torno a sí mismo muy potente. Es un hombre muy bello y va despreciando el amor
de todas las que se le acercan. De manera que un día,
los dioses, muy enfadados, dicen: "Bueno, Narciso está despreciando
el amor de todas las ninfas…", la última, la ninfa Eco, la pobre
ninfa Eco, que va a sufrir de amor porque Narciso se ríe de ella, y dicen: "Así que lo vamos a castigar. ¿Cómo castigamos al joven Narciso,
guapo y vanidoso? Vamos a hacer que sufra el mal de amores
que él está provocando al resto.

Así que vamos a hacer que se enamore
de la primera persona que vea y que no sea correspondido". Es decir, vamos a darle un poquito
de la misma medicina que él da. Con tan mala suerte
de que Narciso un día se levanta, mira en un lago su reflejo
y se enamora de su reflejo. Entonces se pasa allí
las horas muertas enamorado de esa imagen
que ve de sí mismo, la intenta abrazar
y, en una de las versiones del mito, se ahoga. Se ahoga. Y ahí es cuando cobra el sentido
de "si se conoce a sí mismo". Es decir,
cuando vea su propio reflejo. Bueno, pues este mito de Narciso
es lo que creo que está pasando hoy en día a nuestros jóvenes,
y es que se están enamorando no de sí mismos,
sino de la imagen que están creando de sí mismos en las redes.

Y entonces están más preocupados,
dedican más tiempo e invierten más energía
en esa imagen que dan al exterior que en la realidad de ellos,
de manera que, cuando se desconectan y se miran al espejo
esa desconexión es muy hiriente a la hora de evaluar su ego. José Carlos,
tú hablas, lo más importante, lo que defiendes a capa y espada es el pensamiento crítico. Pero me gustaría
que nos explicases bien que me explicases bien
qué es el pensamiento crítico y que me pusieras algún ejemplo. El pensamiento crítico yo lo entiendo
como la capacidad que todos tenemos de entender nuestro mundo en interrelación
con el mundo de los demás. De manera que,
si tu capacidad de entender tu mundo y la interrelación
con el mundo de los demás es muy limitada, tu pensamiento crítico
va a ser muy limitado. Y después de mucho leer,
desde mi percepción, he encontrado dos elementos
que creo que son fundamentales a la hora de hacerle entender a alguien cómo se puede aprender
a pensar bien desde su circunstancia.

Decía Ortega y Gasset
y, de hecho, me basé en él para trabajar el primer elemento,
aquella famosa frase: "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella,
no me salvo yo". Esa era la frase
de Ortega y Gasset. ¿Qué significa la circunstancia? En Ortega, y hoy en día también,
la circunstancia la parte de nuestra vida
que no elegimos, pero que nos configura. Las circunstancias son
el lugar en que has nacido, el nivel social
que tienen tus padres, el nivel educativo de tus padres, el colegio en el que has estudiado, es decir, son un montón de elementos que van configurando tu identidad,
pero que tú no puedes elegir.

Pero sin darte cuenta,
están ahí y te van configurando. Entonces,
tener en cuenta las circunstancias es fundamental
para entender tu pensamiento crítico porque hay una parte de ti
que está ahí. Dice Ortega y Gasset que dos tercios de la biografía de una persona se pueden definir
por el lugar en el que naces y el tiempo en el que naces,
dos tercios. El resto, el tercio que falta,
ya eres tú con tus decisiones y con lo que vas haciendo en la vida. Y la segunda parte,
que creo que es fundamental: educar para que nuestros chavales
y nuestros adolescentes piensen bien, es el contexto.

¿Por qué el contexto?
Pues porque, al final, se nos olvida que cuando vas a tomar una decisión
esa decisión está siempre enclavada en distintos contextos. Y saber interpretar el contexto
en cada momento de tu vida es esencial
para que tu pensamiento evolucione, porque si no, se te puede quedar anclado
en un momento histórico muy limitado. Te pongo un ejemplo:
nosotros hemos trabajado en colegios en Córdoba
la capacidad del cuestionamiento, es decir,
cómo se hace una buena pregunta, en niños, en adolescentes,
en jóvenes y en maestros. Y te sorprendería, bueno, a nosotros
nos pasó, nos sorprendió mucho, que ante un ejercicio
en el que se le reclama a alguien: "Elabora una pregunta en torno
a una diapositiva que te pongo", o sea, qué te sugiere esta diapositiva,
qué cuestionamiento te plantea, a partir de los 12 o 13 años
las cuestiones que se plantea un adolescente,
un joven en la facultad o un profesor son muy similares.

Son muy similares,
y viene a decirme que llega un momento
en el que la capacidad de cuestionar, las personas,
lo que está sucediendo a su alrededor, se ancla, es decir, no evoluciona. Son preguntas muy directas,
muy evidentes, en torno a lo que ven, no profundizan,
no van a un segundo nivel, y es porque no saben interpretar
los contextos más allá de lo evidente. Entonces, aprender a pensar bien es un ejercicio
que lleva mucho tiempo, que requiere mucha intensidad,
pero que da unos frutos increíbles cuando a esos niños,
que nosotros hemos trabajado con ellos durante todo un curso escolar,
semanalmente, cuando a esos niños
después de cuatro meses o cinco les enseñas a ver más allá
del contexto superficial de una fotografía,
o de un vídeo que han visto, o de una publicidad,
o de una imagen en Instagram, empiezas a ver que las preguntas
que elaboran están por encima están por encima de la superficialidad
de las preguntas iniciales que tenían. Luego hay otra cuestión
que me interesa mucho, en torno al pensamiento crítico,
y es cómo asociar la filosofía con esa capacidad de pensamiento crítico Entonces,
para eso he utilizado filósofos, sobre todo
de la antigua Grecia y de Roma, que, en su manera de entender la vida,
ponían ejemplos muy pragmáticos que pueden ser de utilidad
para el día a día nuestro.

Me gustaría comentarte,
por ejemplo, a Epicteto. Epicteto era un esclavo de Epafrodito, que había sido, a su vez,
esclavo de Nerón. Nerón libera a Epafrodito y Epafrodito conoce a Epicteto y lo convierte en su esclavo
al principio y le enseña filosofía. Es decir,
empieza a trabajar la filosofía con él desde un punto de vista estoico. Entonces,
cuando Epicteto queda liberado, porque también le dan la libertad, se va a una isla griega
y empieza a trabajar su escuela filosófica estoica. En el estoicismo
hay una manera de entender la vida muy pragmática, que nos puede venir
muy bien en el siglo XXI como consejo a la hora de enfocar
nuestro día a día.

Epicteto decía que toda persona
debería comenzar planteándose lo siguiente
para tomar buenas decisiones: ¿Qué cosas dependen de mí en la vida? Y ¿qué cosas
no dependen de mí en la vida? Entonces,
cosas que dependen de mí en la vida y a las que les tengo que prestar
toda la atención posible y tengo que mejorar en ellas
mi toma de decisiones: mis opiniones. Mis opiniones son mías, de nadie más, tengo que responsabilizarme de ellas
y tengo que saber muy bien dónde las doy
y hacia quién van dirigidas.

Esto es fundamental en el siglo XXI,
cuando las redes sociales, la velocidad de transmisión
del mensaje o de la indignación, está por encima del análisis reflexivo. Entonces, decirle a la gente:
"Tenga usted cuidado con su opinión" es fundamental, porque algunos de nuestros políticos
recién recibido el cargo, lo primero que hacen
es borrar todos los "tweets", porque se dan cuenta de que quizás
opinaron demasiado rápido en su momento y no tomaron ese pensamiento crítico
ni el consejo de Epicteto.

Entonces, la primera cosa
que te dice Epicteto es: "Tus opiniones son tuyas. Cuídalas". Segundo: tus aspiraciones. A qué aspiras en la vida
es algo que tienes que decidir tú y tienes que decidirlo tú
desde tus circunstancias y en tus contextos. ¿Cuál es el problema? Que al final, las aspiraciones
vengan desde fuera y tengas que importarlas. Cuando tú importas una aspiración
a nivel personal o profesional, estás poniendo
en manos de alguien externo lo que quieres hacer en la vida. Y eso te puede causar
una gran insatisfacción. De ahí que te diga Epicteto: "Ten cuidado, también,
con tus aspiraciones". También dice Epicteto:
"Sé consciente de tus limitaciones". Son tus limitaciones,
por lo tanto, acéptalas como vienen pero primero, conócelas. Es decir, que no te vengan
impuestas desde fuera sino que seas tú el que sea capaz
de manejar tus limitaciones. Y, por contra,
cosas que no dependen de ti y a las que no deberías
prestar tanta atención o no te deberían afectar tanto
desde el principio: las opiniones de los demás.

Es decir, los demás
van a opinar constantemente de nosotros así que intenta darle
la medida oportuna a cada opinión. Yo en esto siempre añado: las personas que quieres
y las que percibes que te quieren sus opiniones son muy positivas para ti
porque, en realidad, son personas que te tienen aprecio,
pero el resto de opiniones y, en esto, las redes sociales
están a la orden del día, pueden hacerte mucho daño, tanto positiva como negativamente. Y esto es algo que me gusta destacar
cuando intento educar a nuestros chavales
en el uso de las nuevas tecnologías. Si te vienes muy arriba
cuando recibes muchos "likes", si le das mucha importancia
cuando las redes sociales te están encumbrando, a la primera crítica que venga
también le darás importancia. Así que hay que tener mucho cuidado,
tanto si es positiva la opinión como si es negativa, cuando
se está hablando de esa virtualización. Segunda cosa que no depende de ti,
dice Epicteto, los afectos de los demás.

Es decir, no puedes
empeñarte en que te quieran ni en que gustes a todo el mundo. Así que intenta buscar una identidad pero no intentes que los demás
tengan unas emociones hacia ti que tú consideres oportunas, o no. Y la tercera cosa,
que creo que también es fundamental, que una persona tiene que tener
en cuenta que no depende de ella son los logros de los demás. Es decir, hacia donde los demás vayan
y lo que consigan no depende de ti,
así que no dejes que te afecte y si, además,
son amigos, alégrate por ellos. Pero no te obsesiones
con igualar los logros de los demás sino pon una meta en torno a ti
y no en torno al otro. Desde esa perspectiva
creo que la filosofía, cuando te vas a la parte pragmática, cuando te vas a las enseñanzas
del día a día, puede ser un elemento maravilloso
para el pensamiento crítico.

Y en esta línea
de ejemplos de pensamiento crítico hay uno muy interesante que en el siglo XXI
creo que debería ser casi obligatorio en las escuelas de periodismo pero también a nivel educativo,
en secundaria, y tiene mucho que ver
con cómo la posverdad está introduciéndose en nuestro mundo de una manera tan sutil,
que al final se ha convertido en una verdad muy potente
que está movilizando incluso gobiernos. Y es que el pensamiento crítico
tendría que funcionar a la hora de entender los titulares de prensa
que se suelen dar, o los titulares de las noticias
que en algunas ocasiones impactan en esa parte emocional. Y es que el vuelco
hacia el lado emocional que está surgiendo
en los medios de comunicación es tan potente que está anulándose
la capacidad primaria de razonamiento
que deberíamos tener nosotros. De modo que, si yo consigo
un titular sensacionalista yo sé que voy a acudir
directamente a tu emoción, o bien de felicidad
o bien de indignación, y he conseguido
anular tu parte racional.

¿Por qué?
Porque he ido directamente a la emoción. Esto ya lo sabían los romanos. Cuando en el año 80
el emperador Tito inaugura el Coliseo, lo hace porque, en primer lugar,
consigue acabar la obra, pero lo hace porque, en el 79, había estallado el Vesubio
y se había llevado por delante Pompeya y Herculano y, en el 80, un incendio
asola un tercio de Roma y, encima, una plaga,
creemos que era la peste, se carga la otra parte. Entonces, Tito ve que su reinado
está a punto de claudicar y decide inaugurar el Coliseo. Acelera la finalización del mismo
y lo inaugura. Y da 100 días,
con sus mañanas y tardes, de espectáculos gratuitos
para todo el pueblo de Roma.

Durante las mañanas había juegos y, por las tardes, los enemigos de Roma
eran sacrificados en la arena. Y todos los días,
en los sótanos del Coliseo se hacían mil hogazas de pan y se repartían en los descansos
a todo el público. De manera que el público romano
asistía al Coliseo y conseguía ver espectáculos
de una manera maravillosa y, encima, comía pan.

A partir de ahí,
cuando terminaron los espectáculos, el reinado de Tito
permaneció sin ningún problema porque sabía
que se había ganado al público a base de dos cosas muy sencillas:
pan y circo. Bueno, pues en el siglo XXI
el pensamiento crítico tiene que estar teledirigido,
para darnos cuenta de que si no utilizamos esa capacidad
de análisis de la realidad al final se impone el circo y estás constantemente
en una dinámica de entretenimiento que hace que no estés atento
a lo que realmente hay de fondo. De ahí mi insistencia
en que intentemos educar a la gente desde una perspectiva
con un foco de apertura ancha.

Es decir, dejemos de mirar el ombligo e intentemos ver
el contexto al completo de la noticia, porque si olvidamos el contexto,
al final, cuando descontextualizas estás olvidando la verdad y la realidad. Y todo esto es importante que sea desde chiquitito,
que se cultive desde pequeños. ¿Cómo se puede cultivar
este pensamiento desde pequeños? Porque te he escuchado también decir
que lo importante es pensar adecuadamente, o sea,
tanto el pensamiento crítico como pensar adecuadamente. y todo esto desde pequeños, ¿por qué?
Cuéntanos. Yo apuesto por el pensamiento crítico
como una inversión de futuro. De hecho, nos ha llevado mucho tiempo
en las escuelas poder implementarlo con resultados. No hace mucho te comentaba,
hemos necesitado cuatro meses para ver el inicio
del pensamiento crítico y ocho meses para ver que empiezan
a darse cuenta de esa realidad.

Yo creo que es plantar un árbol. ¿Cuál es el problema
de plantar un árbol? El problema es múltiple. Desde la perspectiva económica
es más caro, tienes que comprar un árbol. Luego tienes que cavar. Incluso al principio puede
que le tengas que poner una guía para que no se ladee el tronco,
dependiendo de si hay aire o no. Y los primeros años
la inversión del árbol no la disfrutas. El árbol va creciendo
y tarda mucho. Pero ay, ¿y cuándo el árbol enraíza? Cuando enraíza ya no tienes que regarlo. Ya va a buscar
sus nutrientes por sí solo. Y cuando crece no solamente
no tienes que ocuparte de él, sino que además puedes disfrutar
de que él te de cobijo. Te puedes acercar al árbol,
puedes estar debajo, te va a dar sombra… Es decir, es un proceso
que va germinando poco a poco, que lleva tiempo,
pero que le cuesta mucho trabajo desmoronarse.

Pues esta metáfora me sirve
para explicar un poco todo aquél que quiera invertir
en trabajar el pensamiento crítico que sepa que es a largo plazo. Pero que es cierto que,
cuando enraíza y el tronco es grande, esa persona, tiene que venir
una hecatombe muy grande para que se venga abajo. Tiene mucho que ver
con intentar mantener lo que traemos de origen todos
cuando somos muy pequeñitos, que es lo que yo he denominado
el "protopensamiento".

Cuando son muy pequeñitos
todavía, el pensamiento, no está desarrollado,
pero sí hay un protopensamiento que es fundamental. Ese protopensamiento
se compone de tres elementos. El primero es el asombro, el segundo es la curiosidad
y el tercero es el cuestionamiento. Si trabajamos estos elementos
con ellos en casa, en el aula, y después lo vamos continuando
a lo largo de la etapa educativa, es muy probable
que la gente que está habituada a tener una percepción asombrosa
de la realidad consiga cuestionarse las cosas
en un nivel superior.

Es verdad que se habla mucho del asombro
y ha habido muchos autores y autoras que han trabajado
el tema del asombro, pero a mí me interesa
el asombro filosófico. El asombro es el inicio
de la filosofía en Grecia y tiene mucho que ver
con darse cuenta de que detrás de la realidad hay algo. No se trata de un asombro
en el sentido de la fascinación, no se trata de que te sorprenda algo, eclosione y después desaparezca, no. El protopensamiento implica que el asombro esté dentro
de la realidad cotidiana del niño. Dentro de la excepción,
todo el mundo se asombra. Es decir, cuando te viene algo innovador
lo primero es el asombro, pero generalmente se queda ahí,
se difumina y desaparece. Entonces, el interés
que tenemos en filosofía es que la actitud filosófica
en torno a la realidad que tiene que ver con el asombro
y que ya defienden Aristóteles y Platón, sea una actitud que sea el inicio
del conocimiento y del pensamiento.

El inicio, es decir, el primer punto,
por eso lo llamo "protopensamiento". De manera que, si lo hacemos bien,
nuestros hijos, en casa, tendrían que empezar a asombrarse
por cosas tan simples como: ¿por qué cuando muevo el grifo del agua
hacia un lado sale caliente y si lo muevo hacia el otro sale frío? Dentro de la cotidianidad,
cómo funcionan este tipo de mecanismos. O por qué cuando voy por la mañana
con el coche el girasol mira a un sitio y cuando venimos por la tarde
está mirando hacia otro. Son ejemplos muy tontos, pero es
para que te des cuenta de que el asombro tiene que entrenarse
dentro de lo cotidiano. Porque si entrenamos
dentro de lo cotidiano el asombro, va a llegar la fase de la curiosidad.

Y esa curiosidad tiene mucho que ver
con salirte del estereotipo marcado de lo que ellos consumen a diario
o de lo que están acostumbrados a ver. Es decir, yo quiero saber por qué. Y ese por qué
me va a generar una pregunta. Un cuestionamiento,
y ese cuestionamiento va a ser también la base
para luchar después contra, por ejemplo, la posverdad. Porque vas a tener
esa necesidad de entender cómo funciona esa realidad.

Cuando esto lo aplicas en el día a día
entiendes que los chiquitos que empiezan a funcionar
con ese cuestionamiento empiezan a tener
más curiosidad por casi todo. Y esa curiosidad está desapareciendo,
tristemente. No sé si te ha pasado a ti, pero a mí
me ha pasado con mis hijos, incluso, que cuando les das, no sé,
la carta de los Reyes Magos generalmente piden
lo que han visto en la publicidad o en sus catálogos,
lo más normal del mundo. Y cuando les llega el regalo
hacen exactamente lo mismo que han visto en la publicidad
que se hacía.

Y cuando termina aquello
dejan de jugar, ya se aburren, porque, claro,
si es un barco pirata y han visto que hacía
cuatro o cinco cosas y que tenía una trampilla
y que el muñeco saltaba, una vez que repiten eso, si no han trabajado
esa parte de curiosidad, de creatividad, de imaginación y de cuestionamiento
siempre van a ver un barco pirata. Pero yo recuerdo que durante mucho tiempo
eso me frustraba, yo decía: "Bueno, ¿por qué mis hijos,
con los regalos que reciben de Reyes les duran muy poco
y, al final, desaparecen?". Recuerdo que hablé con mi pareja
y dijimos: "Esto no puede ser".

Le dimos la vuelta e hicimos algo
en torno al pensamiento crítico que me interesaba mucho, y era:
"Bueno, vamos a hacer una cosa. Antes de abrir el catálogo
quiero que penséis cuáles son los juegos
que más habéis jugado en los últimos cuatro meses. Y una vez que habéis identificado
aquello que os gusta, porque le habéis dedicado mucho tiempo,
vuestro modelo de juego, una vez que ya conocéis
cuál es vuestro modelo de juego, abrimos el catálogo por esa sección. Y dentro de esa sección vais a elegir
algún regalo para los Reyes Magos. Y luego, del resto, elegís uno. Por probar,
por aquello de experimentar". Cambió mucho la cosa. Cambió la cosa,
porque los juegos que elegían, habiendo hecho ellos un análisis
sobre su modelo de juego, eran mucho más interesantes para ellos
que los otros. Entonces, continuaron con el juego,
cuando llegaron los Reyes Magos, continuaban con el juego mucho más. Pues esta toma de decisiones,
en torno a que ellos se analicen con pequeños detalles
de la cotidianidad en su día a día, facilita mucho que ellos, al final,
vayan conociéndose bien, sus gustos, y también qué es lo que les motiva,
qué es lo que no les gusta, lo que tienen claro…

Esto, la selección de amistades…
En fin, son pequeños detalles que van configurando esa protomente que, al final,
termina en el cuestionamiento. Y todo esto que me cuentas,
al final yo sí que observo que los niños vienen de serie,
como bien has dicho, con ese asombro y esas ganas. Pero muchas veces
vamos tan deprisa, tan deprisa, que no se le presta atención. O sea, no es que a ellos no les nazca,
sino que a ellos les nace el coger una cosa del suelo, mirarla,
pero rápidamente tenemos prisa por llegar a algún sitio,
te cojo de la mano y vámonos. Vámonos, vámonos, y no da tiempo. Veo también que vivimos en una sociedad
de bombardeo.

Eso nos pasa a los adultos, es decir,
cuando tú no has fijado el valor por ti, previo, es decir, cuando no tienes claro
lo que quieres en ese momento, como hoy en día la oferta es tan amplia,
al final, te ahogas un poco a la hora de tomar decisiones
que son, realmente, intrascendentes para ti, es decir,
no tienen mucho sentido. Y cuando son chiquititos
lo pasan peor todavía. Pero sí es verdad
que el tema de la atención y la, yo lo llamo "turbotemporalidad", la velocidad a la que todo va,
también es fundamental.

Es decir, si queremos que nuestros hijos
desarrollen de manera autónoma el pensamiento crítico, es necesario también
que les prestemos atención. Hay una frase de Javier Gomá,
un filósofo español, con la que comienza
algunas de sus conferencias, que me parece excepcional,
cuando dice: "Muchas gracias
por prestarme vuestra atención". Y es un préstamo,
Javier Gomá lo ve como un préstamo, lo que me parece muy acertado,
porque tú me estás prestando, ahora, en esta conversación,
el elemento más importante que tienes a la hora de aprender,
que es tu atención.

Pero no me la estás regalando,
me la estás prestando. ¿Eso qué significa? Que yo tengo que tener en cuenta que me estás dando
un utensilio fundamental de tu vida para que yo lo utilice de tal manera
que cuando te la devuelva tu atención vaya enriquecida. Si yo no enriquezco tu atención
cuando te la devuelva, es muy probable
que la próxima vez me la prestes, pero en menores cantidades,
y que llegue un momento en que no me la prestes. Es decir, que me ignores, que es
lo que pasa al final con los críos. Es decir, los críos
demandan tu atención, lo menos que podemos hacer
como padres, como educadores o como madres, es dedicarles
la atención que nos prestan y devolvérsela enriquecida.

O bien con un cuestionamiento o bien con una duda,
o bien con una reflexión, es decir, que ellos sientan
que la atención que te han prestado a ti les merece la pena,
porque cuando se la devuelves lleva un enriquecimiento. Para eso tenemos que ser conscientes
de la importancia que tiene la atención en el proceso de aprendizaje y a la hora de analizar
el pensamiento crítico. Esto es una deuda pendiente que tenemos
en cualquier proceso educativo, darnos cuenta
de que alguien te está prestando; tu hijo, tu alumno, tu pareja, tu amigo, te está prestando
un elemento fundamental y que tú no lo estás usando bien.

Y que cuando se la devuelves
se la estás devolviendo empobrecida, con lo que, realmente,
cuando se la vayas exigiendo te la irá prestando cada vez peor. Ese es un elemento fundamental que está afectado
por la velocidad a la que todo va. Y realmente, si analizas esa velocidad
y las consecuencias que trae, generalmente, ninguna es buena. José Carlos, cambiando de tema, hay algo
que me llamó muchísimo la atención, y es que uno de tus libros lo dedicas
a los cómics y a los superhéroes. ¿Qué podemos aprender de todo eso? El tema de los superhéroes lo hice porque a mis hijos les encantaba
y, además, estaban las películas de moda y me parecía
que era un instrumento muy interesante para que, a partir de la ficción,
se pudieran extraer conclusiones válidas para el proceso
de aprendizaje contemporáneo, sobre todo a edades muy tempranas,
que luego también se pueden aplicar a gente adulta.

Pero me resultó muy interesante investigar cada uno
de los personajes principales de ficción e intentar averiguar
por qué son superhéroes, qué es
lo que los convierte en superhéroes, y sacar la parte más humana de ellos. Superman,
que es un superhéroe superpoderoso, con todos los poderes del mundo
habidos y por haber, tiene, sin embargo, características
que lo humanizan muchísimo y que lo convierten en alguien
casi entrañable de cara al lector de cómics. Y es que es una persona humilde.

Es decir, pudiendo
destrozar el mundo a su voluntad, recibe una educación
por parte de sus padres adoptivos donde el foco de atención
lo ponen siempre en el otro. Es decir, Superman, desde que es joven,
en la granja en la que se cría, está educado para atender siempre
la sociabilidad del resto de personas e intentar mejorar aquellas cosas que,
entre comillas, pudieran desequilibrar el funcionamiento del mundo. Así que entrega
una gran parte de su vida y de su poder a intentar ayudar a los dos
de una manera completamente altruista, es decir, ayuda a sus padres, a los dos,
pero también ayuda a la sociedad.

Y, de hecho, uno de los cómics iniciales
donde él se desvela como Superman y los padres incluso se enfadan un poco, es porque ve
que un autobús de estudiantes va a accidentarse y él sabe que puede salvarlo, lo salva y en ese momento se descubre quién es, se descubre
que es un superhéroe superpoderoso, entonces los padres saben ya
que va a cambiar su vida pero él dice que no podía evitarlo. Es decir, que con este poder que tiene
tenía que ayudar a salvarlos. El tema de los superhéroes,
además, también me interesaba de cara a enfocarlo a las madres
y a los padres contemporáneos, que muchas veces nos obsesionamos
con presentarnos ante nuestros hijos o ante nuestros alumnos,
muchos profesores, también, y maestras están en este nivel, de presentarnos como superhéroes.

Es decir, sabemos todo,
somos todopoderosos y hacemos todo lo posible
para que nuestros hijos sean felices. Y olvidamos una parte muy importante
de los superhéroes, y es que tienen debilidades. Todo superhéroe tiene una debilidad
muy importante, que lo puede destrozar. Sin embargo, nosotros no somos capaces
de demostrarle a nuestros alumnos o a nuestros hijos esas debilidades. Y deberíamos hacerlo de manera natural. Nuestros hijos tendrían que saber
que somos relativamente débiles en algunas cuestiones e incluso a veces sería bueno que nos ayudasen
a superar esas debilidades.

Implicarlos
en la realidad de lo que somos. De manera que, bueno,
cuando analicé casi todos los superhéroes contemporáneos
más famosos encontré cosas increíbles. Y te cuento, por ejemplo, el caso
de Spider-Man, que lo usaba mucho yo para hablar
de la curiosidad con mis hijos y también lo he utilizado en clase. Spider-Man es un adolescente
de los que hoy en día llamamos "friki". Alguien al que le gustan las ciencias,
que sufre un poco de "bullying" en el instituto, pero que tiene una curiosidad tan grande
por las ciencias que le va a ayudar a descubrir algo que va a convertir
en el elemento más importante de su superpoder.

Cuando le pica la araña
y recibe los superpoderes arácnidos, él se fabrica la tela de araña, es decir, el instrumento
con el que poder ir de un edificio hacia otro
no es un superpoder que se le confiera, sino que debido
a su curiosidad constante en torno a la ciencia
y al descubrimiento pasa días y días investigando
cómo fabricar una tela y lanzarla
para ir de un edificio a otro. O, por ejemplo,
el tema de la responsabilidad. Spider-Man es un adolescente, y como nuestros adolescentes,
tiene un puntito ególatra. Entonces, cuando descubre su superpoder,
lo primero que hace Spider-Man en los primeros cómics
es ir a ganar mucha pasta, mucho dinero, peleando en una serie de jaulas
contra otros luchadores y todas las noches se lleva
la recaudación para su bolsillo.

Eso es lo primero
que se le ocurre a un adolescente que recibe un poder muy grande:
ganar pasta. "Vamos a hacernos ricos",
y se mete ahí. Y, un día, la recaudación
de la caja de la lucha, del sitio donde estaba luchando,
se la lleva un ladrón que pasa por delante de él,
y el dueño le dice a Spider-Man: "¡Agárralo, agárralo!",
y dice él: "No es mi problema, yo ya he cobrado,
se está llevando la caja". Y resulta que,
cuando va a llegar a su casa, han asesinado, creo que era a su tío,
si mal no recuerdo. Y él se pone a investigar y descubre
que el asesino de su tío era el ladrón de la caja. En ese momento cambia el chip
y se da cuenta, que es la famosa frase de Spider-Man, de que todo gran poder
conlleva una gran responsabilidad.

Entonces entiende que aquellas cosas
que afectan a los demás también pueden terminar
afectándole a él. Y este proceso de aprendizaje
en torno a un cómic se puede aplicar directamente a la vida. Y, por último, dos superhéroes
que me llamaron mucho la atención: la superheroína que me parece
mejor de todas es Wonder Woman. Wonder Woman es alguien
que utiliza un instrumento que se llama "el lazo de la verdad". Y es que su creador,
William Moulton, era un psicólogo que es el precursor
de la máquina de la verdad, la que te va tomando los… Bueno, pues le puso el lazo de la verdad porque consideraba que las personas
que fuesen atadas con ese lazo estaban obligadas a decir la verdad. De manera que ella
derrotaba al enemigo de dos maneras: te ponía el lazo
y te obligaba a decir la verdad. Es decir,
que el mal se lucha con la verdad. La verdad va por delante. Y la segunda manera
con la que Wonder Woman consigue destruir al enemigo
era por medio del diálogo. Era una oradora maravillosa,
manejaba doce idiomas, y además era embajadora de la paz
durante un periodo, siendo ella una guerrera.

Pero ella confiaba en el ser humano. Tenía una característica en torno
a la bondad del ser humano superior y pensaba que al enemigo
se le podía convencer y cambiar por medio del diálogo. Siempre que se les mostrase la verdad,
las personas podían tener una segunda oportunidad. Entonces, Wonder Woman
humaniza mucho la figura del malvado, porque cree
que se puede cambiar al malvado a través de la utilización
de la verdad y del diálogo, que son palabras esenciales
en el mundo del superhéroe y que pueden ser fácilmente aplicables
en el siglo XXI, de manera que cuando uno
lee un cómic, o ve una película, si va utilizándolo
en clave de análisis crítico, puede extraer de ellos
un montón de conclusiones maravillosas de cara a entender el mundo
de un modo distinto, aprovecharlo. Y el último de los superhéroes
que creo que utilicé fue Batman. Y a Batman lo utilicé porque es humano. No tiene ningún superpoder natural, es alguien que se expone al peligro
de manera constante.

Batman es valiente,
elige el símbolo del murciélago porque de pequeñito
se había caído a un pozo con murciélagos y les había cogido pánico, y cuando va cogiendo conciencia
del miedo que les tenía quiere enfrentarse al miedo. Entonces, la capacidad
de enfrentarse a nuestros miedos es algo que tendríamos
que aprender a manejar en vez de huir de ellos por medio de,
por ejemplo, el entretenimiento. Y es un valor muy importante. Y luego también, el valor,
por ejemplo, de la cooperación. Batman va adoptando,
a lo largo de los cómics, a distintos ayudantes,
Robin, ¿vale? Va cogiendo como niños huérfanos
a los que ayuda a ponerlos en situación
y a ser útiles con él. Entonces, la cooperación como un valor
en que un superhéroe no actúa solo, sino que, además, necesita de otros
para trabajar y conseguir sus objetivos me pareció, también, muy interesante
a la hora de dar lecciones de este tipo.

A fin de cuentas, cuando tú coges
todos los análisis de los superhéroes y ves que hay
un fondo filosófico en ellos encuentras esos pequeños detalles
que se pueden utilizar en el día a día. Y quizá el que engloba
de una manera más interesante a todos ellos es el concepto
de la bondad del género humano. Es decir, a pesar de que siempre
se lucha contra el villano, en la gran mayoría de las ocasiones
la sociedad está envuelta de gente maravillosa. Gente que ayuda,
gente que quiere hacer el bien, gente que pone en riesgo su vida,
superhéroes que ponen en riesgo su vida por los demás. Y es cambiar un poco el mensaje
que se le está dando muchas veces a la sociedad
de que somos una sociedad negativa una sociedad desconfiada,
una sociedad ególatra constantemente.

Yo tengo una teoría con respecto a eso,
muy sencilla de entender, y es que mientras
los telediarios y los periódicos abran con noticias negativas
es que el mundo va bien. Y es que el mundo va bien
porque lo noticiable es la excepción. Y mientras lo negativo
siga siendo portada significa
que nos llama la atención lo negativo. Y eso es que la gran mayoría
de las cosas son buenas. Desde esa perspectiva
intento entender el mundo y dárselo a entender tanto a mis hijos
como a las personas con las que trabajo.

Muchísimas gracias, José Carlos,
por este ratito que hemos estado conversando Muchas gracias.
-Gracias a ti, ha sido un placer..

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